miércoles, 18 de enero de 2012

RECURSOS HUMANOS Y EMPRENDIMIENTO, LA NUEVA CAJA DE PANDORA


Dicen que el último en llegar paga, pero en este caso el primero ha sido quien ha pagado el pato. Hablamos del Emprendimiento Interno, esa olvidada variante de una palabra que comienza tomar cuerpo peligrosamente como una de las formulas mágicas contra la crisis, depresión, recesión o como demonios se llame este estado de postración.

Cada cual entiende el circo a su forma y manera, pero España ha construido una curiosa percepción del término “emprendedor”: persona que se atreve a crear una empresa. Atendiendo a esta interpretación, nuestro problema en estos momentos se traduce en una aguda tendencia al “desemprendimiento” acelerado. Quizás esta sea la razón por la que el actual gobierno fía tanto al desapalancamiento en forma de emprendimiento galopante. En el pasado fueron los videoclubes y las tiendas de todo a cien. Quizás le toque el turno a los streamingclubes o, vaya usted a saber, las peluquerías zen pueden llegar a convertirse en las startup patrias. En cualquier caso, si esto ocurre, vamos aviados o lo que es lo mismo, la habremos vuelto a pifiar.

El emprendedor puede tener muchas características, pero, por encima de todas ellas, debe poseer un mínimo de Inteligencia Estratégica. Es decir, capacidad para detectar problemas y oportunidades planteándose nuevas soluciones que conduzcan al éxito en términos de generación de valor. Los problemas no son otra cosa que situaciones desconocidas en su solución y lo mismo puede decirse de las oportunidades. En consecuencia, la respuesta a un problema u oportunidad pasa por generar nuevas ideas que acaben convirtiéndose en soluciones de éxito. Como ya habrá supuesto, la línea que separa al Emprendimiento de la Innovación es aún más delgada que la que diferencia el heroísmo de la cobardía. No es nada nuevo, Schumpeter ya lo dejó más claro que el agua de Mondariz en su Unternehmergeist o Espíritu Emprendedor, como se prefiera.

Uno de los problemas genéricos de este país, uno de los muchos aunque no tantos como la gente piensa, es descubrir el verdadero valor del Emprendimiento como factor crítico de crecimiento económico. Pero no sólo en términos de espíritu empresarial, sino también, más importante si cabe, como expresión definitiva del tan traído y llevado Talento que deben mostrar y demostrar las personas de una organización, es decir el Emprendimiento Interno. Podemos hablar de Calidad, Mejora Continua, Innovación y Teletransportación, pero si no tenemos claro que en la base de todo ello se encuentra el Emprendimiento de las personas, es dudoso que podamos evitar la segmentación, tabicación y, en consecuencia, disgregación de nuestros esfuerzos en la gestión del cambio traducido a valor estratégico. De momento, los logros son parcos. Existen pequeñas, medianas y grandes empresas que hacen del Emprendimiento Interno su bandera, el nexo que puede integrar todas esas iniciativas en una sola corriente de gestión, pero, hoy por hoy, son atolones en un océano demasiado extenso y poco azul. Producir para hoy es crucial, pero hasta que no caigamos en la cuenta de que descubrir cómo poder producir mañana resulta vital, poco o nada avanzaremos en este camino.

¿Y quién le pone el cascabel al gatito?

No hay que darle muchas vueltas, resulta evidente. Sólo puede ser ese departamento, dirección o área que mantiene contra viento y marea una denominación de origen surgida allá por las glaciaciones. Efectivamente, hablamos de Recursos Humanos porque, nos guste o no, está llamada a ser el área estratégica de gestión, aquella que debe poner orden en el alineamiento de los activos empresariales para conseguir su mayor eficacia y eficiencia en la consecución de valor sostenido. Si quieren comenzar por algún sitio, empiecen por replantearse los RRHH de su organización. Sitúen allí su mayor talento. Potencien su protagonismo. Desarrollen su capacidad de integración. En una palabra, sean emprendedores, asuman el riesgo calculado y comenzarán a obtener resultados visibles en un plazo más breve del que suponen. Los RRHH son la caja de Pandora que nunca quisieron abrir, pero en estos tiempos la incertidumbre sólo puede combatirse con más incertidumbre traducida en oportunidad.

Comenzaba citando a Schumpeter, permítanme concluir con una de sus frases más solemnes: nada es tan traicionero como lo obvio.

6 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Dos cosas:
A la hora de escribir te pasa lo mismo que a mi con lo de los rr.hh., que no me gusta el término, pero no me suena bien escribir otra cosa.
Y lo de lo "obvio": mi hija siempre dice "es obvio, aita". Llevo peleando una eternidad para que se de cuenta que de obvio nada.
Gran reflexión.
Un abrazo.

JLMON dijo...

Hola Javier
Lo mires por donde lo mires, cada vez suena peor

Fernando López Fernández dijo...

Tampoco me gusta el término y no se si será la caja de pandora pero muchas veces ha sido un cajón de sastre donde echar cualquier cosa que molestase a otras áreas. Hasta el día que deje de ser el patito feo y se inviertan las cosas, claro.

Un abrazo

JLMON dijo...

Hola Fernando
Es lo que hay...Lo realmente curioso es la resistencia al cambio que presenta la palabrita...Hablar del estereotipo del director - comisario político de RRHH tiene también su tela,
Cuiadte

Katy dijo...

Ay que me lías y me lio como un ovillo. Que hago comentado, si no entiendo ni papa. Este l
Un abrazoenguaje no es de andar entre pucheros. Si sigo aqui terminaré por tener que hacer un Master en Dirección Innovadora de los Recursos Humanos.
Uff . Mejor que le déis al coco los que valéis:-)
Un abrazo

JLMON dijo...

Katy
Aquí siempre eres bienvenida y considerada....
Tus opiniones en "estas cuestiones" aportan el sentido común que, en ocasiones, a otros nos faltan...así que SIGUE VISITANDO A ESTOS PESADOS....
Cuidate

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