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lunes, 9 de febrero de 2015

LA INNOVACIÓN QUE NO LLEGA





La innovación es hija de la necesidad expresada en forma de oportunidad o problema, pero siempre es el resultado final de un proceso. Quizás por ello, nunca puede ser planteada como necesidad en sí misma y, menos aún, como punto de partida para cualquier proceso de cambio.
En muchas ocasiones, las innovaciones no llegan por un defecto de forma a la hora de enfocar la situación. Confundir la solución con el problema es un error frecuente derivado de esa extraña costumbre de enseñarnos desde temprana edad que la interrogación que cierra el enunciado de un problema es sí mismo el problema.
Pongamos por caso la Educación…
El problema de la Educación en este país tiene evidentemente un componente multifactorial que a nadie se le escapa, pero por encima de todos ellos, sobresale una cuestión previa que bloquea cualquier posibilidad de cambio: la actitud política. De partida, la cuestión no es otra que la confluencia de una baja rentabilidad política con la carga ideológica que subyace en el fondo de la cuestión. Aquí es donde se debieran centrar los esfuerzos inicialmente en términos de “innovación educativa”: desarrollar estrategias que permitan llegar a un gran pacto entre las fuerzas políticas que permita establecer el auténtico papel estratégico de la educación, los objetivos a marcar y las reglas de juego a respetar.
Si trasladamos la cuestión al mundo de la empresa, la situación no difiere excesivamente…
La pregunta clave no es tanto ¿por qué debe innovar nuestra empresa? o ¿para qué debe hacerlo? Entre otras cosas porque son cuestiones de manual que se responden por sí solas. La auténtica cuestión de fondo es ¿qué debemos hacer para garantizar que gestionamos nuestras posibilidades de generación de valor de forma integral? Si conseguimos responder a esta cuestión, ya habremos realizado la primera y más importante innovación.
¿Cuántas veces se han iniciado en su empresa procesos de innovación de forma bienintencionada que han acabado en fuegos de artificio?
¿En cuántas ocasiones, pese a lograr resultados positivos en las primeras experiencias, estas han acabado por languidecer como flor de otoño?
¿Por qué no han acabado de generalizarse los procesos de innovación en el conjunto de las áreas y personas de la empresa?
¿Por qué los proyectos de innovación que se han desarrollado han sido siempre observados como algo ajeno al común de los mortales de la organización?
¿Por qué no se consigue ir más allá de fenómenos de innovación de clara raíz tecnológica?
Estas y algunas más son las preguntas que encierran la realidad del problema y, en definitiva, la soluciones.
La lista podría ser aún mayor, pero existen una serie de elementos estratégicos cuyo aseguramiento es condición sine qua non para realizarse planteamientos relacionados con la implantación de una cultura de innovación continuada y generadora de valor real en la empresa.

* Desarrollo y aseguramiento de competencias estratégicas en el equipo directivo y mandos intermedios.

* Definición de una estrategia a medio y largo plazo para la consecución de una gestión integral del valor más allá de la esfera puramente operativa.
*Desarrollo efectivo de una gestión integral del talento enfocado a resultados y que se extienda al conjunto de personas de la organización

Puesta en valor de los ciclos de conocimiento que se producen en la empresa

*Identificación y potenciación de las personas estratégicas en la organización a todos los niveles jerárquicos y organizativos

Recuerdo a un viejo amigo de juventud que presentaba un innegable potencial para el desarrollo de actividades deportivas. Su problema era simple: cada vez que se iniciaba en la practica de una modalidad deportiva pretendía ser un maestro sin haber llegado ni tan siquiera a aprendiz.
La innovación es como una cumbre, no puedes pretender llegar a la cima sin haber pasado por estribaciones y collados aunque siempre puedes hacer trampa y contratar un helicóptero. Desgraciadamente, en este país ha resultado demasiado fácil conseguir helicópteros.

Quizás por todo ello, hay innovaciones que no llegan…

sábado, 16 de enero de 2010

LA NUEVA FRONTERA


Más allá de las turbulencias que nos afectan cada vez con mayor frecuencia, contradiciendo así el principio de los ciclos, es innegable que nos encontramos inmersos en una época de transición, un “calentamiento global de la economía capitalista” por expresarlo de alguna manera.
Las transiciones van más allá de las simples revoluciones que tan sólo actúan como balizas de los take- off económicos, políticos o sociales. Las transiciones nada tienen que ver con las percepciones de crisis, aunque sean estas las únicas que llegamos a identificar ante nuestra total ausencia de perspectiva frente al desarrollo de hechos que, algún día, se convertirán en hitos históricos. Las transiciones son como un gran delta en el que se fusionan la vida y la muerte, pero que, sea como sea, siempre acaba desembocando en un océano, por supuesto azul, plagado de nuevas fronteras y, en definitiva, oportunidades.
En esta transición que nos ha tocado protagonizar, los viejos paradigmas se encuentran en un momento de continua y sistemática revisión. Las estructuras jerárquicas, la integración vertical, la oferta y la demanda, todo está dando paso a una nueva percepción en la forma de organizarse y gestionar. Es el máximo momento creativo que posiblemente se produzca en los próximos cien o doscientos años. Una intensidad creativa genuina que va más allá de la simple frontera tecnológica para adentrarse en las formas y maneras humanas y, de ahí, el papel esencial del conocimiento, el Conocimiento Humano.
Pero las nuevas ideas tardarán en encontrar una adecuada y masiva aceptación, no sólo por parte de quienes protagonizan la vida económica diaria, empresarios y gestores, sino también por aquellos que teorizan sobre ella, es decir los economistas. Todos ellos muestran el escepticismo como recurso de supervivencia ante unos paradigmas basados en contextos que están desapareciendo y que, de hecho, ya lo habrían hecho a no ser por su obcecación en agarrarse a las últimas tablas del naufragio.
Frente a ellos, quienes trabajan diariamente en el campo de la gestión empresarial, así como quienes teorizan sobre ella, muestran una actitud diametralmente opuesta. Una actitud basada en la búsqueda de nuevas alternativas que comiencen a sentar las bases de los nuevos paradigmas.
Quizás el ejemplo más evidente de esta disparidad lo constituya el propio Conocimiento. Consultores, mediadores y teóricos investigan en las nuevas fronteras de la Gestión del Conocimiento: el valor relativo de los datos y la información sin procesamiento humano inteligente, nuevos enfoques de aprendizaje individual y grupal, estructuras de red que potencien la transferencia de flujos de conocimiento, sistemas de medición y valoración y muchas cosas más. Todo ello, contribuye a acelerar el “calentamiento del viejo sistema”, dibujar los primeros trazos del nuevo marco teórico – práctico y, sobre todo, demostrar que estamos en el camino. Frente a ellos, los economistas guardan silencio y prefieren no pronunciarse, pese a sus pretendidas relaciones con el futuro, mostrando una actitud displicente hacia el Conocimiento como nuevo valor productivo. De hecho, la aceptación rápida y generalizada del término “intangibles” no es sino la prueba fehaciente de la infravaloración que profesan hacia el Conocimiento.
El marco intelectual que debería integrar la teoría empresarial y la economía aún está por construir. Empresarios y economistas miran con recelo a quienes formulan las nuevas ideas porque, como dicen, “no es momento de aventuras”. Sin embargo, y desdiciendo a Santa Teresa: en momentos de desventura, sólo la nuevas fronteras pueden ofrecernos esperanza.

viernes, 30 de octubre de 2009

EL MISTERIO DE LAS MOCHILAS


Quizás una de las mayores paradojas actuales en relación con el proceso de enseñanza – aprendizaje es la coexistencia de dos fondos cognitivos en el alumno: uno de tipo virtual, basado en los aprendizajes desarrollados en el ámbito educativo y otro de tipo real, basado en los aprendizajes propios, fruto de la interacción con el entorno.
Es lo que podríamos llamar el Principio de las Dos Mochilas. Nuestros jóvenes acuden cada día al aula con su mochila real, repleta de contenidos conceptuales, actitudinales y, sobre todo, procedimentales de factura propia. Al llegar a la puerta del aula, cuelgan su mochila real y cogen la mochila virtual, aquella que contiene todos los aprendizajes propuestos en el aula. Al concluir la jornada, el intercambio se produce de nuevo. La mochila virtual queda colgada hasta el día siguiente y marchan con su mochila real, aquella que contiene todo lo que aparentemente necesitan para desenvolverse en su entorno cotidiano.
En definitiva, el alumno parece vivir en dos mundos que se rigen por distintos principios. El mundo real que aflora de puertas hacia fuera del aula y el mundo virtual que tan sólo existe de puertas hacia dentro.
Quizás en esta paradoja radica uno de los mayores fracasos de la escuela hoy en día: la imposibilidad de transferir el conocimiento académico a la realidad del entorno cotidiano.
Y quizás también esta paradoja explique en gran medida la baja disponibilidad del alumno hacia los aprendizajes que el sistema le requiere. El alumno prefiere los contenidos de su mochila real porque le resultan operativos y eficaces. Poco importa que, desde nuestro punto de vista, muchos de esos contenidos sean preconceptos, entendidos como erróneos ya que, en el sentido amplio de la palabra, lo son sin duda alguna.
Esta dependencia del alumno hacia su mochila real puede explicar que, pese a haber realizado aprendizajes correctos de procedimientos matemáticos, llegue a utilizar la cuenta de la abuela en situaciones cotidianas. O bien que recurra a explicaciones poco menos que animistas, pese a sus conocimientos académicos de Física. Incluso cuando ha de escribir una carta parece enfrentarse a la situación como si jamás hubiera oído hablar de tipología textual. Pero hay una evidencia aplastante: prefiere el conocimiento tácito al académico porque este le resulta tremendamente útil y, en consecuencia real.
En un momento en que se habla de la necesidad de grandes cambios estructurales a todos los niveles, la Educación no puede quedar al margen. Pero quizás uno de sus grandes retos innovadores debiera ser:
“CONSEGUIR QUE EL CONOCIMIENTO ACADÉMICO NO SOLAMENTE FUERA CIERTO, SINO TAMBIÉN ÚTIL Y REAL”
"El trabajo del maestro no consiste tanto en
enseñar todo lo aprendible, como en producir en el
alumno amor y estima por el conocimiento".
John Locke (1632-1704)

viernes, 9 de enero de 2009

TRES MILLONES DE HISTORIAS


Los datos no tienen valor alguno como tales si no se procesan y se logra el salto cualitativo que les convierte en información, pero esta tampoco es demasiado útil si no se procede a un procesamiento inteligente que la transforme en conocimiento.
Esta mañana nos hemos levantado con un dato preocupante que confirma nuestra llegada a la frontera de los tres millones de parados. Convertido en información, es decir interpretado, hemos podido ver que hay una coincidencia pesimista por parte de los medios aunque algunos se disparan hacia la ironía dentro de su tendencia política. Esta ironía llega incluso a ser sangrante, como es el caso de El Mundo, al presentar la información a toda plana como si del gordo navideño se tratase.
Pero, de momento, no hay transferencia real de la información al conocimiento y, menos aún, al Conocimiento Estratégico que indicaría emprendimiento y planteamiento de estrategias de futuro.
En este sentido, los entes públicos y privados se muestran reticentes a entrar en la historia real que se esconde tras las cifras por lo que de dolorosa realidad conlleva y posible exigencia de responsabilidad. Frente a la ocupación se exhibe preocupación que es la misma diferencia que existe entre un equipo de trabajo y una comisión de investigación.
Subsidios, ayudas extraordinarias, obra pública y la peligrosa táctica de canalización municipal pueden ser tácticas coyunturales y bien intencionadas, pero no impedirán que alcancemos un nuevo dato a lo largo del 2009: cuatro millones de historias personales.
Ayer milagrosamente escape al caos de la T4 madrileña y conseguí llegar a mi destino final de forma puntual. Pero lo curioso de ello es que pude transitar por un desierto. Quizás no haya nada más desolador que un aeropuerto o estación ausente de vida. Sí, sí puede haber algo más desolador, ver toda una vida convertida en un frío dato estadístico o como mucho en una información tendenciosa.

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