domingo, 28 de febrero de 2010

EL SUEÑO DE LOS JUSTOS


Me encanta acudir a las universidades para charlar con los jóvenes (el término conferencia me abruma y el calificativo conferenciante siempre me ha parecido excesivo y acabo asociándolo con el de tertuliano). Por un lado, me ayuda a recordar mis años de docencia, felices y candorosos. Por otro lado, me recarga de energía y me recuerda que todavía quedan muchas cosas por hacer.
El otro día, me preguntaban los jóvenes de una universidad castellana cuáles creía que debieran ser los ejes de la empresa del siglo XXI. La pregunta me pareció adecuada, pero la respuesta me imagino que dejó mucho que desear. De partida, contesté que la respuesta dormía en esos muros en los que me encontraba, esperando que los presentes la rescaten del sueño de los justos en el que dormía desde hacía exactamente cuatrocientos años. Después de ese arranque místico, les ofrecí mi humilde opinión. Para un servidor, los ejes sobre los que se debe construir son cuatro, a saber:
1. PERSONAS
2. ESTRUCTURA
3. MÉTODO Y ESTRATEGIA
4. LIDERAZGO
Extenderme Sobre ellos, sobrepasaba la encomienda que el decano me había hecho, pero sí me ofrecí a dar unas pinceladas…
PERSONAS que puedan recobrar el humanismo y, en definitiva, el auténtico significado del término “empresa”.
ESTRUCTURA que permita convivir, colaborar, crear y realizarse.
MÉTODO para afrontar la gestión diaria de forma eficaz y eficiente y, en definitiva, con un nuevo sentido de competitividad. ESTRATEGIA que permita una alerta constante y una actitud de futuro.
LIDERAZGO para poder emprender todo lo anterior.
Simple, pero no sencillo, porque la simplicidad encierra la sabiduría que ha trascendido a la complejidad.

viernes, 26 de febrero de 2010

EL TRUCO DEL MANCO


En primer lugar, agradecer a todos mis amigos sus comentarios. Efectivamente, esto es una caja de truenos que dice Javier, pero, en algún momento tendrá que explotar.
Sin quererlo, ayer noche visione una película que me recordó el post: El Truco del Manco. Os la recomiendo encarecidamente, aunque prepararos, es durilla.
Nos presenta un panorama desolador en lo que creo adivinar que es Cornellá. Un universo marginal, pero real protagonizado por Enrique Heredia, el Cuajo, un payo agitanado y con parálisis cerebral, empeñado en salir de la cocina del infierno a través de la música. Y no sigo contando porque pierde su gracia la cosa.
Pero, no se, da que repensar el post. Hay muchos matices, pero los políticos ya se encargan de que queden maquillados.
Como decía ColdPlay: Viva la Vida.

jueves, 25 de febrero de 2010

LA TRAMPA DE LA IGUALDAD


Mi post de ayer – Macarras Country – levantó bastantes comentarios por parte de mis colegas y de algunos anónimos no tan colegas. Casi todos nosotros coincidíamos en que algo hemos hecho mal aunque no había una explicitación exacta de qué.
Hoy voy a intentar esbozar una sospecha fundada y lo hago a regañadientes porque soy consciente de las aguas revueltas en las que uno se sumerge y el peligro de ser tachado de, al menos, reaccionario, tirando por lo suave.
¿Cuál es mi sospecha?
Bastante simple: la obsesión por la igualdad nos ha llevado a este nivel de majadería, incultura, despropósito esperpéntico y nihilismo social.
La “lucha por la igualdad” ha sido, es y será uno de los grandes motores de la historia humana, pero, al igual que todo en esta vida, encierra una paradoja difícil de aceptar y desvelar: ¿cuál es el precio?
El término “desigualdad social” puede entenderse como una situación en la que no todas los ciudadanos de una misma sociedad, comunidad o país, tienen los mismos derechos, obligaciones, bienes, beneficios, oportunidades o acceso a tales. En estos términos, siento decirlo, pero me veo una victima de la igualdad. ¿Por qué no tengo derecho a equivocarme en un ceda al paso sin correr el peligro de que un energúmeno se baje de su buga y me parta la cara? ¿Por qué no tengo derecho a ir a un campo de futbol y disfrutar de mi equipo sin que una bestia desenfrenada me proporcione una paliza? ¿Por qué no tengo derecho a que se me muestre una mínima empatía y educación cuando acudo a un bar a tomarme un cafecito? ¿Por qué no tengo derecho a que sean profesionales quienes “conduzcan” algunos programas televisivos sin tener que sufrir a una mariloli con tacón aquí te piso aquí te mato? En fin, ¿Por qué tengo que soportar a un macarra más basto que la lija del 88 como es el tal Cobra en “mi cadena de televisión?
Richard Wilkinson y Kate Pickett publicaron el pasado año un estudio ciertamente curioso: Desigualdad, un análisis de la infelicidad colectiva. En el estudio se afirma que los países con mayores desigualdades económicas tienen mayores problemas de salud mental y drogas, menores niveles de salud física y menor esperanza de vida, peores rendimientos académico y mayores índices de embarazos juveniles no deseados .En esos casos también se comprobó que no es el nivel de renta sino la desigualdad económica el factor explicativo principal. Por lo que los autores de dicho estudio concluyen que entre los países más desarrollados, los más igualitarios obtienen un mejor comportamiento en una serie amplia de índices de bienestar social. Puedo estar de acuerdo, pero tan sólo parcialmente a la vista de lo que ocurre en mi país desarrollado.
En mi humilde e ignorante opinión, en este país hemos pretendido que todos tengan un ordenador de última generación sin haber pasado antes por los cuadernos de Rubio. La igualdad, las igualdades siempre son deseables como leit motiv, pero debieran ir acompañadas de los límites explícitos y, en ocasiones sancionadores, que puedan proteger a quienes siempre han luchado por ellas. En otras palabras, nos hemos convertido en victimas de nuestro propio deseo.
Y quisiera terminar invocando a mostrarse cautos a la hora de recurrir a la muletilla de la escuela y la educación. La Escuela también necesita ser rescatada de tanta zafiedad, incultura y violencia física y emocional. Sólo entonces, podremos pedirle que nos eche una mano en esta tarea.
Buenos días y buena suerte

miércoles, 24 de febrero de 2010

MACARRAS COUNTRY


Fíjense hasta donde llega el desinterés y hastío de quien suscribe hacia estos “temas” que, hasta hoy miércoles, no tenía ni santa idea de quién había resultado elegido para representar a España en esa traca verbenera que es Eurovisión y, menos aún, del deplorable espectáculo del macarra de turno y de una presentadora incapaz de “conducir” sobre asfalto deslizante.
Si me paro en este “tema” no es ni por afinidad, morbo o curiosidad, sino porque me escandaliza que otros se escandalicen. ¿Qué esperaban con un sistema de votación tan democrático? ¿Qué esperaban en un país en el que son mayoría quienes piensan que los derechos acaban donde empiezan sus derechos?
Vaya por delante que son miles los jóvenes que presentan un perfil “normal” en este país y, de la misma forma, son miles los padres de jóvenes que son “padres normales”. Pero, dicho esto, me van a permitir que sostenga la teoría de que este es un país con una población cada vez más abundante de macarras, chabacanos, reventados, soeces y gentes al borde de la violencia inesperada, como es el caso del individuo ese que se hace llamar John Cobra y que Cobrará durante una temporada en alguna de las cadenas basura y aportando su presencia en la discoteca choni de turno, plagada de chavalas come chicle y romeos con olor a sobaquillo mal lavado.
Pero, ¿qué esperaban de un país que cuenta entre sus “famosos televisivos” a gentes que, aparte de vociferar y sacarse el moco, poco más saben hacer? ¿Qué esperaban de un país que ha propiciado con el ladrillazo pasta caliente todos los fines de semana a una recua de asnos con camiseta Touch Me y BMW de tercera mano con maxi dados bamboleantes?
Sinceramente, no se de qué se escandalizan algunos. A mi me escandaliza su escándalo.

martes, 23 de febrero de 2010

EL MUNDO ANCHO Y LEJANO


Hace ya muchos años leí El Mundo es Ancho y Lejano del peruano Ciro Alegría. Hoy recordaba ese título, uno de esos que nunca se olvidan, y me sonreía para mis adentros al pensar que, en realidad y desgraciadamente, el Mundo es Estrecho y Cercano. ¿Qué pensarían Burton, Cameron, Davis y el buen número de exploradores y aventureros del XIX ante semejante panorama?
Este mundo estrecho y cercano es fruto de ese extraño fenómeno que llamamos “globalización”. Un invento que nos ha traído grandes oportunidades, pero también un montón de quebraderos de cabeza en forma de competencia exacerbada, sobreoferta incontrolada y desmanes de especuladores financieros. Un mundo difícil de controlar y medir, imposible de predecir y , cada vez más alejado de la mecánica encorsetada del capitalismo de mercado.
En un mundo como este, cabalgan no tres, sino dos jinetes de la Apocalipsis: la incertidumbre y la certidumbre. El ying y el yang, el rojo y el negro de Stendhal, la telúrica paradoja.
La incertidumbre embarga a las gentes de bien. Unas empeñadas en hacer sobrevivir a un sistema palmado hasta sus últimas consecuencias. Otras pugnando por asentar las bases de ese nuevo Renacimiento, visionando una economía antropocéntrica.
La certidumbre, por el contrario, embarga a las gentes, ¿cómo diría yo?, “menos buenas” ya que no se les puede calificar de “mal vivir” a la vista de los hechos. Gentes que confían en la inexactitud del sistema y conocen la fuerza de las emociones en el pueblo llano. Gentes que saben del verdadero papel de los gobiernos y otras instituciones reguladoras. Gentes, en fin, que pueden hundir la credibilidad de un país de un día para otro o comprar y vender compañías como si de caramelos se tratara.
Es el caos que acompaña a toda transición. Nos ha tocado vivirlo. Algunos lo harán de forma apasionada, otros de manera acojonada. Habrá quienes decidan emigrar a la Polinesia, pese a su oscuro futuro submarino. Pero, al final, de una forma o de otra, el Mundo volverá a ser Ancho y Lejano.
Postdata: acabo de visionar el increible video que mi amigo Germán Gijón presenta en su blog y, ciertamente, en el fondo, el Mundo es Cañejo y Escuchimizado.

sábado, 20 de febrero de 2010

CULPABLES EMPEDERNIDOS


Vivimos inmersos en la cultura del culpable. No hay más que leer los titulares de los diarios cada mañana, escuchar los noticieros en la radio, navegar por las webs especializadas o bien observar los informativos en la televisión. El mensaje es siempre el mismo: ¿Quién es el culpable? Para unos siempre resulta ser el terrorista sucio y desalmado que es todo musulmán que se precie. Para otros, el origen de todos los males se encuentra en el presidente de turno en el Imperio. La desaparición del rinoceronte blanco siempre puede ser achacada a los furtivos sin escrúpulos, pero con mucha hambre en sus familias. Y cuando esto no funciona, tenemos a los japoneses, chinos, coreanos y demás gentes del más allá de aquí, obsesionados por ver afrodisíacos y remedios para la artritis de cubito en los lugares más inesperados. Incluso cuando una pareja percibe que sus modelos estables de convivencia ya no funcionan, tiende a preguntarse normalmente quién de los dos es el culpable de semejante desastre y casi siempre de forma estrictamente unilateral. Sin ir más lejos, ¿cuántas veces se ha hecho usted la pregunta esta semana?
En consecuencia, podemos hablar de un principio o modelo estable generalizado ante los problemas: ¿Quién es el culpable? O si se prefiere: Whodunit, que no es otra cosa que el apócope de la expresión inglesa Who done it? (¿quién lo hizo?) y que se utiliza comúnmente para denominar a las novelas policíacas en las que el eje del relato es dar con la identidad del asesino. En otras palabras, los periódicos podrían ser considerados novelas policíacas por entregas, aunque la mala noticia es que necesitan asesinos en serie.

Nike es una corporación mundial que no necesita tarjeta de presentación y si quedaba algún despistado, los distintos grupos antiglobalización ya se habrán encargado de sacarle de dudas a estas alturas. En cualquier caso, la multinacional de Phil Knight fue acusada hace algunos años de fabricar sus productos a costa del trabajo de miles de niños en países subdesarrollados. Nike reaccionó de forma rápida desplegando todo su potencial de marketing para reinventar su imagen. La empresa elaboró un código que establecía cuales eran los derechos de las personas que trabajaban en la elaboración de sus productos. Grandes campañas publicitarias nos mostraron la bondad de una marca empeñada en ayudar a todos los jóvenes del mundo a ser mejores a través del deporte y sobre todo a aquellos que practicaban el fútbol en un secano subsahariano o el baloncesto en una destartalada canasta del Bronx neoyorquino. Incluso hoy en día, todos los productos incorporan a sus etiquetas de fabricación una curiosa tarjeta en la que se comunica al comprador que la compañía dedica parte de sus beneficios a promover la mejora de las condiciones de vida de estos niños y jóvenes del Tercer Mundo. En una palabra: la generación de un nuevo modelo estable basado en la universalización de la bondad de las nuevas corporaciones planetarias. Lo que Nike no especifica es qué cantidad de los 130 o 150 dolares que cuestan unas zapatillas en su tienda Nike Town de la 57 Este de Manhattan son destinadas a alegrar la vida del niño que las fabricó por 2 de esos dolares.
No hace mucho, las críticas arreciaron de nuevo cuando se descubrió que la multinacional norteamericana continuaba fabricando en talleres subcontratados que empleaban mano de obra juvenil en condiciones de trabajo extremas. Esta vez, Nike practicó al pie de la letra el principio de ¿Quién es el culpable?- Whodunit, excluyéndose por supuesto de la lista de candidatos: La empresa encarga a una conocida firma la inspección periódica de todas las fábricas textiles que manufacturan sus productos en todo el Tercer Mundo. Los propietarios de estas fábricas y talleres están obligados a colocar en lugares visibles el código Nike de respeto a los derechos básicos de los trabajadores. Y, por supuesto, ellos son los primeros obligados a cumplirlo. ¿Qué más podemos hacer? , parecen decir los ejecutivos de la corporación desde sus oficinas centrales, periódicamente asediadas por las bandas antiglobalización.
No hay que esforzarse mucho para ver que Nike enfocó la situación como una molestia en la primera ocasión. La situación era clara en términos de definición: la compañía está ayudando a promover el trabajo infantil en zonas deprimidas de Asia. Sin embargo, Nike prefirió optar por la molestia y definir la situación en términos de: la imagen de la compañía se está viendo deteriorada. En consecuencia, las medidas debían ir dirigidas no a la erradicación de las condiciones de trabajo, sino al lavado de imagen de forma inmediata. A nadie le gusta calzarse unas zapatillas para dar un paseo teniéndose que imaginar a una multitud de niños hacinados en un oscuro taller de la India, Malasia o Filipinas.
En la segunda ocasión, Nike no modificó demasiado su comportamiento. De nuevo, la situación era clara en su definición, aun desde una perspectiva estrictamente empresarial: nos han pillado otra vez, esto tiene que acabar. Sin embargo, la multinacional se aferró al principio ¿Quién es el culpable?
Es fácil detectarlo en sus argumentaciones: ¿Qué más podemos hacer si incluso las auditorias no consiguen detectar las irregularidades? Esto no tiene remedio, ya se sabe como funcionan en esos países. ¿Qué podemos hacer si hacen caso omiso de nuestro código? En definitiva: Nosotros no somos los culpables.
Una empresa que juega a construir modelos estables de conducta a nivel mundial puede hacer muchas cosas, prácticamente todas las que se proponga. Incluso puede marcarse como objetivo la superación de sus antiguos modelos estables en un acto de creatividad que podría atenuar el odio visceral que las tribus antiglobalización sienten por la corporación.
Es bueno encontrar a los culpables de las situaciones para hallar la forma de que no vuelvan a producirlas en el futuro. Pero jamás debe ser la prioridad. Malgastaremos tiempo y recursos. Lo primero, es resolver las situaciones enfocándolas como problemas para evitar que se conviertan en molestias insoportables.
Yo he nacido en un lugar llamado Bilbao que se encuentra en una tierra difícil de definir. Los nacionalistas españoles la llaman País Vasco, los españoles constitucionalistas acostumbran a hablar de Euskadi, al igual que los nacionalistas vascos de corte estatutario. Los nacionalistas vascos independentistas acostumbran a denominarla Euskal Herria que es lo mismo que País Vasco, pero en Euskera. Los nacionalistas independentistas radicales hablarían de Bilbo, la capital de Bizkaia, territorio- herrialde de las Vascongadas. Finalmente, los despistados utilizarían indistintamente cualquiera de los hipocorísticos anteriores. He intentado explicar toda esta increíble biodiversidad semántica a irlandeses de Cork y Belfast y he necesitado varias pintas de cerveza tibia para conseguir que comenzaran a entender algo.
En cualquier caso, yo he nacido en una tierra que sufre una situación de violencia desde hace ya demasiado tiempo. Tanto como el que llevan las personas con voz, voto, porra y pistola en esta historia haciéndose la interminable pregunta: ¿Quién es el culpable? Y dando siempre la misma respuesta: Tú, por supuesto.
Cuando yo nací, la situación ya existía. Hoy todavía continua sin acercarse al umbral de problema y se enquista como una molestia cada vez más violenta. Quizás un primer paso pudiera ser abandonar el Whodunit y tratar de alcanzar un Whydunit (¿por qué lo hizo?) que, por supuesto, es como se denominan aquellas novelas policíacas en las que el eje de la narración es el descubrimiento de los motivos que mueven al criminal.
La Inteligencia Emocional es la primera en actuar ante una situación. De hecho, es la que decide si esta ha de convertirse en molestia o problema. Alguien dijo en una ocasión: los sentimientos mueven el mundo. Ciertamente es así, porque nuestra Inteligencia es primariamente emocional. Hagamos una sencilla prueba...
Piense por un momento en un gato...
Construya la imagen...
Deje por un momento la lectura y hágalo...
Construya la imagen...
Todas las personas que han pasado por esta prueba conocían lo que es un gato. Sin embargo, ocurre algo sumamente curioso. No hay dos imágenes iguales por muy objetivos que intentemos ser. Algunas personas ven gatos, otras en cambio ven gatas. Hay quienes elaboran una bucólica imagen de un precioso gato dormido placidamente frente al fuego del hogar en una fría noche de invierno. Otros, en cambio, solo ven gatos sarnosos deambulando por oscuras callejuelas. Hay quienes piensan en gatos persas, otros en birmanos, los hay que prefieren visualizar cenizos cartujanos y hasta quienes solo ven gatos sin más. ¿De dónde deriva tal variedad de imágenes? Evidentemente, la heterogeneidad de respuestas es producto de nuestra Inteligencia Emocional. No construyen iguales imágenes quienes adoran a los gatos que quienes los odian por la razón que sea. No enfocan de la misma forma la pregunta quienes les gustan los animales en general que quienes les caen indiferentes. Inicialmente, es una cuestión estrictamente emocional, luego viene todo lo demás. Precisamente por ello, podemos definir el aprendizaje como: elaborar construcciones subjetivas a partir de realidades objetivas. Puedo enseñar a cien niños el concepto objetivo de gato y, pese a que realicen un correcto aprendizaje, acabaré teniendo cien versiones parecidas, pero no idénticas, del concepto. Es la maravilla de la diversidad, hay tantos mundos como personas y eso nos hace irrepetiblemente diferentes por mucho que la bioingeniería se empeñe en lo contrario.
En cualquier caso, las realidades objetivas de que hablaba la definición, no son otra cosa que construcciones subjetivas que han tenido un gran éxito y aceptación, es decir productos creativos convertidos en modelos estables. En consecuencia, son susceptibles de modificarse y superarse. Piense, por ejemplo, en la modificación y superación que ha sufrido el concepto Tierra a lo largo de la Historia. De igual forma, nuestros sentimientos no son inmutables por muy personales e intransferibles que los consideremos. También existen modelos estables emocionales, individuales o colectivos, que deben ser superados siempre que la situación así lo requiera. En otras palabras, pasar de un Whodunit a un Whydunit por ejemplo. Nike, aunque no lo parezca, se dejó llevar por sus modelos emocionales a la hora de identificar la situación del trabajo infantil como una molestia en lugar de cómo un problema. La necesidad de preservar una estructura de manufacturación eficiente y barata pesó más en la balanza que la oportunidad de generar un nuevo modelo de relación productiva con esos países, convirtiéndose así en un creador de nuevos modelos y, en definitiva, de Progreso. Fue incapaz de ver la Incertidumbre como virtud y tan solo alcanzó a vislumbrarla como un peligro ante el que escabullo el bulto con aquella sentencia de su presidente Phil Knight: Creíamos ser una empresa productora (...) Pero ahora hemos comprendido que lo más importante es comercializar nuestros productos. Ahora decimos que Nike es una empresa orientada hacia el marketing.
Aparentemente, puede pensarse que Nike es una corporación que permite visualizar cómo serán las grandes organizaciones en las próximas décadas. Sin embargo, está muy lejos de ser una organización de Tercera Ola, utilizando la terminología de Alvin Toffler. Carece de algo que es esencial y característico: Inteligencia Creativa para afrontar las situaciones y retos de una organización que aspira a elaborar nuevos modelos. De hecho, hasta ahora lo único que ha demostrado es su gran capacidad de manipular los modelos estables en su propio beneficio. Ha creado un macrocosmos onírico basado en una interpretación esperpéntica del espíritu clásico de superación a través del deporte. Y todo ello, a partir de la manipulación del otro, en el caso concreto del mercado norteamericano, la increíble atracción de la cultura marginal afroamericana sobre los individuos blancos juvenilmente correctos. Puede pensarse que se trata de una brillante superación del modelo estable de hacer negocio, pero los actos creativos tienen como objetivo el Progreso. Esto tan sólo es una burda, pero rentable manipulación. Al igual que ocurría con la mansión del Abra donde Benito Aranzibia se empeñaba en sacralizar a Spencer, el Mundo Nike está construido sobre el sufrimiento y la humillación de miles de jóvenes vietnamitas, filipinos o de cualquier otro rincón de esa nueva Europa del siglo XVIII que es el Sudeste Asiático.
Algunos podrán pensar que Nike se preocupa de lo único que es consustancial a una organización, olvidándose de factores emocionales y disparates creativos, es decir: hacer dinero. Sin embargo, estos son viejos paradigmas heredados de las empresas de Segunda Ola. Hoy en día, contamos con múltiples ejemplos que demuestran lo contrario.

martes, 16 de febrero de 2010

FUTUROS POSIBLES


Me preguntaban ayer sobre la diferencia entre “prospectiva” y “estrategia”, palabros ambos de moda en estos tiempos de muda y desasosiego.
El término prospectiva deriva del latino prospicere que significa mirar adelante, ver a lo lejos. Es decir, la prospectiva se adentra en ese peculiar mundo que es el futuro. Simplificando, diríamos que la prospectiva se encarga de responder a la pregunta ¿qué puede ocurrir? Pero responder a esta pregunta no sirve de mucho sino formulamos a continuación la pregunta ¿qué puedo hacer?. Al responder a esta cuestión, nos adentramos en el mundo de la estrategia, es decir descubrir qué hacer cuando no se sabe qué hacer. En definitiva, la prospectiva nos permite construir un “futuro posible”, pero debemos incorporar la estrategia que establezca las acciones que lo hagan posible. Ya tenemos Prospectiva Estratégica: Promover el cambio a partir del análisis de las fuerzas que pueden impulsarlo, construyendo un escenario de futuro deseable y posible, así como las acciones estratégicas que permitan materializarlo.
Pero no acaban aquí las preguntas porque debemos formular y dar respuesta a dos últimas cuestiones esenciales: ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo vamos a hacerlo?
Todo esto, nos indica que el futuro no es algo improbable, al menos en todo lo que ocurra como consecuencia de los actos humanos. El futuro no es predecible o probable, pero sí es posible. Si admitiéramos los dos primeros términos, condenaríamos al hombre al ostracismo y la contemplación mística del devenir, pero al hacerlo posible, afirmamos el voluntarismo y la posibilidad de construir algo mejor o, al menos, no tan malo.
Cuando inicio un trabajo de Prospectiva Estratégica con un cliente, siempre comienzo por la misma pregunta a las personas de la organización que van a trabajar en el proyecto: ¿cuál creen que es el futuro de esta organización? Más allá de pesimismos y optimismos mal informados, en la mayor parte de los casos, las respuestas construyen escenarios basados en factores exógenos. Es como si la empresa fuera una marioneta al albur de lo que ocurra o se decida en los entornos periféricos a la misma. En otras palabras, la mayoría de las personas manejan futuros probables.
Mi primera tarea siempre consiste en convencerles de que siempre hay futuros posibles. Más tarde llegarán cosas como la innovación, la mejora o el emprendimiento.

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