martes, 6 de mayo de 2014

RRHH - REMATADAMENTE HUMANOS




A poco que le demos una vuelta a esto del “existir”, comprobaremos que básicamente el proceso se organiza en dos grandes operaciones: aprender – desaprender.
Un movimiento de este tipo casi siempre acaba en un flujo cíclico o, como gustaban de decir los antiguos griegos no hipotecados, “eterno retorno”. Pero también cabe la posibilidad de una inmovilización total por la interacción neutralizadora de los dos procesos. En fin, la reflexión podría ser también eterna…
Aprendemos en la escuela aunque no se sabe si el aprendizaje significativo supera al memorístico, en cualquier caso, al llegar a las diáfanas aulas universitarias, nos dan a entender que todo aquello que aprendimos en nuestros años mozos de poco o nada sirve, bien por la incompetencia de los maestrillos, bien por la elevada divinidad de los nuevos contenidos que se nos proponen. Pero la cosa no acaba aquí ya que, al llegar a la empresa si es que se tiene la fortuna de encontrar alguna, vuelven a repetirnos la misma monserga de la realidad disociada. ¡Esto es la realidad! De donde deducimos que lo otro era la caverna platónica y apenas si encontramos calificativos para nuestros primeros años de ingenuo aprendizaje. En esta reflexión también podríamos continuar eternamente aunque bien es cierto que esta anteúltima realidad parece más consistente y duradera.
Si Dios es eterno, ¿a qué se dedicaba antes de crear el mundo?
Y al hilo de todo esto, si nos pasamos un cuarto de nuestra vida dedicándonos exclusivamente a absorber conocimiento, ¿cuándo nos toca crearlo?
Incluso surge otra duda. ¿Nuestra misión en la empresa es absorber conocimiento y replicarlo indefinidamente? ¿No somos capaces de crear nuevo conocimiento nacido de la experiencia?
Si la respuesta fuera negativa, sería lo mismo que afirmar nuestra absoluta imbecilidad. Primero por dejarnos embaucar en esto de la aventura del conocimiento.
Si la respuesta fuera positiva, cabrían dos opciones…
Podemos crear conocimiento y este podría ser valioso para la empresa, pero ésta o no se lo ha planteado o no le interesa.
O bien, podemos crear nuevo conocimiento valioso para la empresa y vamos a ponernos a ello de una santa vez.

Evidentemente, casi todo el mundo se apuntaría a la segunda de las opciones aunque sólo fuera de boquilla porque, en el fondo abisal, somos rematadamente humanos.

3 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

¿¡Qué te voy a decir!? ¡Que en este país, te pueden meter en la cárcel por decir estas cosas.
Ya te voy a contar mis últimas experiencias en mi santa casa: Pues eso, que todo puede empeorar.
Un abrazo.
Por cierto: ¿Qué tal vas con el libro? :-)

Astrid Moix dijo...

Anda, qué leo por aquí arriba! ¿Libro a la vista??? De ahí el silencio de los últimos meses ;) Pues ya nos tendrás informados ...
Respecto a lo que señalas en el post, yo soy más optimista que Javi, quizás porque ahora estoy trabajando con un cliente que sí que valora esa continua creación de nuevo conocimiento, lo incentiva y lo aprovecha. Pero reconozco que no siempre es así.

Abrazos,

Jose Luis Montero dijo...

Hola Astrid y Javier
Pues si el libro me mantiene ocupado y avanza aunque cuesta.
Pero intento escribir también aquí con mis amigos

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