miércoles, 12 de diciembre de 2012

ESO QUE LLAMAMOS TALENTO





El papel de los neumáticos es clave en la conducción de un vehículo. Ellos son quienes determinan la relación entre éste y la carretera. Soportan de forma elástica al vehículo y absorben las irregularidades del suelo. Pues bien, imaginen un neumático que resulta impecable en su resistencia a  la rodadura así como  a los esfuerzos dinámicos exteriores, increíble en su resistencia  a la fatiga y el desgaste, extraordinario en la minimización de ruidos y vibraciones y con elevada adherencia sobre pista seca. Pero con una sola debilidad: su impredecible respuesta sobre superficies mojadas. ¿Diríamos que es un buen neumático? Por supuesto que no.
Algo similar ocurre con un alto porcentaje de empresas de este país. Sus personas son la clave de su éxito o fracaso, ellas son quienes ponen en contacto a la empresa con el entorno económico; proveedores, clientes o competencia. Dan soporte a la misma y absorben las irregularidades que éste entorno transmite. Son el alma de la empresa. Pero, ¿cuál es su nivel de adherencia, en términos de eficacia y eficiencia, ante las condiciones del terreno?
De igual forma que un neumático demuestra su excelencia sobre superficies secas o mojadas, las personas muestran su capacidades, habilidades y, en definitiva, talento, con sus respuestas a las situaciones que el entorno genera. Estas situaciones pueden presentar dos apariencias: rutinas y problemas.
Entendiendo las rutinas como aquellos procesos que se repiten con regularidad y que tan sólo exigen una ligera flexibilidad en su ejecución, podríamos decir que en mayor o menor grado, la mayoría de las empresas cuentan con personas que conocen, dominan y ejecutan las rutinas de forma satisfactoria.
Los problemas, en cambio, son como las superficies mojadas. Aparecen de forma inesperada y responden a una saturación de las rutinas en su capacidad de respuesta a los cambios del entorno. La única, pero crucial diferencia entre una situación rutinaria y un problema es que en la primera la toma de decisiones es automática en base a una respuesta conocida y unos resultados controlados. Sin embargo, el problema es una situación descontrolada. Ni conocemos la respuesta adecuada, ni controlamos las consecuencias de la solución que decidamos ejecutar.
Dentro de esta categoría debemos incluir también a las llamadas oportunidades porque, salvando las distancias semánticas, se trata también de situaciones inesperadas que exigen nuevas estrategias de solución cuyos resultados no podemos anticipar.
En definitiva, el talento de la empresa depende de su grado de respuesta a rutinas y problemas. En otras palabras, el talento de las personas se expresa en la forma en que utilizan sus capacidades y emociones para dar respuesta a rutinas y problemas. Podríamos decir que existe un Talento Formal que regula nuestra interacción con las situaciones rutinarias y un Talento Estratégico que afronta aquellas situaciones inesperadas que denominamos problemas y oportunidades. Pero no hablamos de dos universos distintos que reúnen capacidades y habilidades emocionales diferenciadas, sino más bien de dos realidades que exigen distinta respuesta por parte de ellas. Las rutinas necesitan de las habilidades del trabajo en equipo, la empatía, la capacidad de síntesis, observación, relación, diferenciación o cualquier otra que nos podamos imaginar dentro de la taxonomía reconocida. Pero los problemas también necesitan de la colaboración, cooperación, observación y, sobre todo, deducción a partir del conocimiento práctico generado en el mundo de las rutinas. No cambiamos de neumáticos cuando comienzan a caer las primeras gotas de lluvia sobre el asfalto. Tampoco lo hacemos de personas cuando los vientos de la certeza y la prosperidad menguan. Son las mismas personas, pero que deben combinar la utilización de sus capacidades en términos formales con la expresión de las mismas de forma estratégica. Si no somos capaces de conseguirlo, las consecuencias no se harán esperar en forma de deslizamientos, derrapes y finalmente colisiones que pueden resultar mortales.
¿De qué sirve contar con personas que ejecutan de forma optima sus rutinas si al primer problema que surge se descomponen como organización dejándose llevar por la incertidumbre, el miedo, la parálisis o el pánico?
¿De qué sirven los planes estratégicos si comienzan por no reconocer el auténtico sentido del término estrategia aplicado al talento de las personas?
¿De qué sirven los planes de formación y desarrollo si tan sólo se concentran en el dominio de las habilidades en términos de rutinas?
En fin, ¿de qué sirven los responsables de RRHH si no alcanzan a valorar el papel trascendental del Talento Estratégico y la necesidad de desarrollarlo en tiempos de bonanza sin esperar a las urgencias de la necesidad impuesta?
Una empresa sin Talento Estratégico es como un conductor que ante el deslizamiento de su vehículo en una superficie mojada, tan sólo acierta a pisar a fondo el freno encomendándose a la providencia.
Si tanto management, sabiduría directiva, cuadro de mando, plan estratégico y demás reconocimientos acaban en una invocación a la providencia, algo estamos haciendo mal o mejor dicho, hay algo que estamos olvidando y resulta aún más grave si es algo tan presente y evidente como la inteligencia de las personas, eso que llamamos talento.

15 comentarios:

Beatrice dijo...

Más claro, agua.
Beatrice

Neumático dijo...

Curiosa comparación.

Felicidades por tu blog.
Un saludo

Jose Luis Montero dijo...

Hola Beatrice
Gracias por pasarte!

Jose Luis Montero dijo...

Hola Neumático
Gracias

Victor Pamplona dijo...

Muy buena comparación. Acabo de descubrir el blog. Muchas felicidades.

Jose Luis Montero dijo...

Hola Victor
Muchas gracias por pasar y por tu comentario.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

Estupenda analogia.

Yo añadiría la resistencia a la frenada que es el momento crítico en el que se paraliza todo (si se frena bien) y se toma una decisión: retomar el camino que puede ser el de los problemas o el de las oportunidades. (el de las rutinas es un camino cortado). No hay vuelta atrás

Un abrazo

Jose Luis Montero dijo...

Hola Fernando
Efectivamente!
Si no hay nada como los colegas para mejorar el post!
Efectivamente, la frenada o pasarse de frenada que también puede ocurrir, mejor dicho, está ocurriendo.
Cuidate

Katy Sánchez dijo...

Estamos haciendo algo mal no, muchas coas muy mal cuando las empresas van como van.
Es que hasta los talentos están en crisis o deprimidos.
Menos mal que quedan unos cuantos como tú.
Un abrazo

Jose Luis Montero dijo...

Hola Katy
Gracias por la apreciación, inmerecida.
Bueno, los talentos no están tanto en crisis como ocultos y con no muchas posibilidades de aflorar en este momento, pero no perderemos la esperanza.
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Pues estos días estoy tratando de comprar coche nuevo, aprovechando el cierre del ejercicio y los posibles descuentos. :)
Un abrazo.

Ana Belén Guerra Pérez dijo...

Muy de acuerdo contigo en que no es la necesidad de cambiar de personas, sino saber en cada momento que competencias, valores, destrezas...debemos explotar dependiendo de la situación que se nos presente, ya sea rutina, problema, oportunidad...

Las rutinas (dependiendo de las capacidades que cada uno tenga) normalmente son mucho más fáciles de afrontar, por ello es muy importante no dejar a un lado el "entrenamiento" tanto personal como por parte de profesionales de esas capacidades ocultas que no dejamos salir a relucir para poder afrontar mejor los problemas, en definitiva el talento.

Jose Luis Montero dijo...

GRcias por pasarte Belen y por el comentario

Isabel Muñoz dijo...

"Eso que llamamos talento" esa palabra tan arraigada a la época actual, que oimos casi a diario...pero que pocos sabemos definir.
Escuchamos a menudo, la denominada "fuga de talentos"...pero ¿realmente estamos ante una fuga de talentos? o se trata mas bien, de una fuga de personas cualificadas y/o formadas? Es algo que me he preguntado a menudo, por eso y en
esta misma linea, me ha parecido muy interesante la "distinción" que haces entre el talento formal y el talento estratégico, este último, como bien has dicho, es del que depende el éxito de la empresa, de nada sirve que las personas repitan comportamientos (rutinas) si no hacen nada para afrontar problemas. Coincido en que los responsables de RRHH no alcanzan a valorar el papel del talento Estratégico, pero realmente, ¿hay talentos con estas competencias estratégicas adheridas?

SALUDOS!!

Jose Luis Montero dijo...

Hola Isabel
Efectivamente el talento estratégico no está demasiado considerado en los departamentos de RRHH.
Existe sin duda, hay una parte innata y otra que debe ser entrenada, pero en términos de generar oportunidades para su práctica.
Gracias por pasarte

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