sábado 26 de diciembre de 2009

HOME: SIN PALIATIVOS


Había oído hablar de ella, pero ayer tuve el placer de visionar HOME, el increíble documental de Yann Arthus- Bertrand. Un placer para la vista, una banda sonora increíble y un mensaje claro y rotundo. Quizás, pese a todo, al final surgen sensaciones encontradas de orgullo y vergüenza.
Pero es una recomendación sin paliativos.
Si quieres visionarla ahora mismo pulsa aquí. Pero mi recomendación es una pantalla de suficientes pulgadas y un home cinema.

jueves 24 de diciembre de 2009

BUENOS Y MALOS 09


En estas fechas abundan las listas de lo mejor y lo peor de cada casa. Por mi parte, como ya decía en un post reciente, ni el diez, ni el cero existen como valoraciones por lo que sólo puedo hablar de cosas malas o buenas que ha vivido el Viajero Accidental en este año que está a punto de perderse en la historia. No son definitivamente malos o buenos, pueden mejorar o empeorar y, sobre todo, cumplen la función de dar vida al otro. Recuerden que en un pelicula es difícil saber quienes son los malos si no hay buenos y viceversa.
LOS MALOS Y BUENOS DEL 2009 SEGÚN VIVENCIAS DEL VIAJERO ACCIDENTAL
1. COMPAÑÍAS AEREAS – Trato al cliente
Una buena compañía: AUSTRIAN AIRLINES
Una mala compañía: RYAN AIR
2. AEROPUERTOS EUROPEOS
Un buen aeropuerto: MUNICH
Un mal aeropuerto: ROMA – FIUMINCHINO
3. HOTELES – Calidad – Precio
Un buen hotel: MYFAIR MILLENIUM – LONDRES
Un mal hotel: HOTEL BARCELONA BOUTIQUE
4. CIUDADES para VIAJEROS ACCIDENTALES
Una buena ciudad: BERLIN
Una mala ciudad: LOS ANGELES
5. EMPRENDIMIENTO EN ESPAÑA
Un buen emprendedor: CENTRAL LECHERA ASTURIANA
Un mal emprendedor: SACYR
6. INNOVACION
Un buen innovador: APPLE
Un mal innovador: MICROSOFT
7. ESPÍRITU EMPRESARIAL
Un buen empresario: MILLONES DE AUTÓNOMOS
Un mal empresario: DÍAZ FERRÁN
8. ESTRATEGAS
Un buen estratega: IBERDROLA
Un mal estratega: UNIÓN FENOSA
9. PREVISORES
Un buen previsor: INDRA
Un mal previsor: VUELING
10. No existe

miércoles 23 de diciembre de 2009

SI DIMITES, LO ADMITES


El sentido común dice que cuando se presenta un problema, lo primero de todo es ponerse a su resolución. La cultura atavica de este curioso pais recomienda, sin embargo, buscar desesperadamente al culpable.
De partida, no existen problemas, sino situaciones ante las que es necesario tomar una decisión sobre cómo se va a identificar la misma. Existen dos posibilidades, identificarla como un problema o como una molestia. Si la identificamos como problema, estamos afirmando la voluntad de enfrentarnos a ella y buscar su rápida solución. Por el contrario, cuando la identificamos como una molestia, expresamos nuestra intención de desentendernos y, automaticamente, justificar nuestra postura buscando al culpable de la misma como si con ello fuera a desaparecer por arte de magia. La historia reciente de este país esta repleta de expresiones de molestia traducidas a la cultura de “quién es el culpable”. Quizás el ejemplo más evidente lo ofrezca el caso Prestige, pero es uno más en un anecdotario interminable. Esta cultura marca profundamente las reacciones de quienes se ven directamente involucrados en la situación en curso. Hasta tal punto que, lejos de comportarse racionalmente, optan por la resistencia numantina.
El ejemplo más reciente de todo ello lo vivimos estos días con el caso Air Comet, la crónica de una muerte anunciada. Su propietario, Gerardo Díaz Ferrán, como todos sabemos, ostenta también la presidencia de la CEOE y, pese a que los empleados y clientes damnificados de Air Comet sean la prioridad, este cargo representativo es el que ha saltado a las primeras paginas de todos los medios. ¿Por qué no dimite Díaz Ferrán como presidente de la CEOE? Porque se buscan culpables y la cultura de este país dice que si dimites, lo admites.
El caso Guggenheim nos ofrece una situación similar. Roberto Cearsolo, director de administración y finanzas del museo milagro, admite un desfalco cercano al medio millón de euros. Culpable confeso, pero, aún así, el máximo responsable de la entidad, Juan Ignacio Vidarte, decide no darse por aludido y ni siquiera se plantea una elegante dimisión. Si dimites, lo admites.
Díaz Ferrán deberá hacer frente al problema específico de su empresa, pero también debiera plantearse un segundo problema no menos importante: su permanencia la frente de la CEOE. De momento, su actitud se desliza claramente hacia la molestia y, en definitiva, a la busqueda de estrategias que le alejen de la etiqueta de culpable. Si dimites, lo admites.

sábado 19 de diciembre de 2009

¡Adíos Copenhague! ¡Adios Tierra!


¡Adiós Copenhague! ¡Adiós Tierra!
Ahora que las luces se apagan, las porras vuelven a los armarios, las pancartas se olvidan en alguna esquina perdida, los políticos emprenden una nueva semana de importantes decisiones y las gentes de Somalia o Chad apenas si saben que existe una ciudad europea que lleva tal nombre, uno tiene la impresión de que, de nuevo, habíamos invitado a la Tierra a un delicioso picnic en un prado bañado por la luz mortecina del invierno para, finalmente, no presentarnos a la cita en el último momento. Aunque, eso sí, le hemos dejado a nuestra invitada una preciosa cesta de mimbre que parece contener deliciosas viandas, pero que, en realidad, explotará cuando a la incauta se le ocurra abrirla.
Cuando los tiempos se tornan revueltos y la incertidumbre se cuela silenciosamente en el último rincón de nuestras almas, llega el tiempo de los charlatanes y los falsos lideres. Gentes que intentan sobrevivir al doble papel que les toca interpretar: dejarse conmover por la lógica de los sentimientos mientras deben cumplir con lo ordenado por aquellos que realmente tienen voz y voto en toda esta historia.
La Tierra puede estar muriendo lentamente, pero poco les importa a quienes morirán antes de que esto ocurra. Esta es la fatal realidad, la reflexión desnuda de quienes, hasta entonces, prefieren continuar acumulando porque esta es la única forma de vida que conocen.
Todavía recuerdo la primera vez que contemple un atardecer en el Gran Cañón. Me conmovió el hecho de no conmoverme ante tanta inmensidad. Y me asustó la sensación de eternidad que emanaba porque, en el fondo, era también su perdición. Algo de esto ocurre con nuestro planeta, tan complejo, tan diverso, tan maravilloso que uno piensa que nunca podrá cambiar. Pero lo hará, lo está haciendo aunque cuando llegue su final, nosotros ya estaremos muertos.

miércoles 16 de diciembre de 2009

VENDER INNOVACION


En la realidad, el problema de la Innovación no es tanto convencer de su necesidad como justificar los retornos que se puedan producir como consecuencia de la misma. La experiencia nos dice que no resulta difícil presentar a un equipo directivo un planteamiento ambicioso de despliegue de procesos de innovación. Los problemas comienzan cuando llegan “los números” y la necesidad de justificar una inversión que, aparentemente, es metafísica aristotelica para el común de las clases empresariales.
Hablar de Innovación es hablar de oportunidades y, en consecuencia, de futuro. Un futuro siempre deseable, pero que no está asentado en la “memoria productiva” de la empresa. Los futuros a los que la empresa está acostumbrada, son “probables” y, aunque parezca increible, siempre más fragiles que los futuros “posibles” que acompañan a toda innovación. Todavía recuerdo y utilizó como ejemplo, el caso de una conocida empresa que tenía en Oriente Próximo uno de sus mercados más florecientes y estables. Las previsiones anuales de la empresa siempre mostraban progresiones escalables lógicas que siempre acababan por cumplirse. Sin embargo, una mañana de febrero, en una desconocida aldea de la franja de Gaza, un puñado de jovenes descubrió el valor de las piedras. La Intifada supuso una innovación en la causa palestina, pero también un descalabro para la empresa en cuestión que vió como se perdía su principal mercado de un día para otro.
Trabajar por “probables” siempre es asumir inconscienrtemente un riesgo significativo. Pero, en estos tiempos de turbulencias que pretenden convertirse en normalidad, es una conducta que rebasa las fronteras de la osadia. Diversificar el riesgo es la estrategia más recomendable y, en este caso, supone combinar sabiamente lo “probable” con lo “posible”. Un conocido judio dijó aquello de “nadie da ordenes al futuro”, haciendo referencia al oscuro cabo austriaco. Ciertamente, nadie puede darle ordenes, incluido el accidentado Cavaliere. Pero, una empresa sí puede descubrir un futuro deseable y trabajar por hacerlo posible. Esta es una opción que, aunque no lo parezca, resulta siempre menos osada y arriesgada que someterse al fatalismo del futuro incierto.
Este es el auténtico retorno de valor de la Innovación Estratégica. Un retorno que no exige actos de fé o confianza en el azar por encima de la necesidad. Tan sólo reclama confianza en sí mismo, confianza en las potencialidades y capacidades de las personas que dan vida a una empresa. En definitiva, el problema de la Innovación no es cómo convencer de su necesidad, sino como vencer la desconfianza en sí misma que tiene una empresa.

domingo 13 de diciembre de 2009

EL CERO Y EL DIEZ


De la misma forma que en la calificación de un examen escolar no debiera existir el 10 o el 0 absoluto, ninguna idea, paradigma o proceso es perfecta. Si esto no fuera así, estaríamos renunciando al Cambio y, en definitiva, al Progreso.
La revalorización de los intangibles en una organización no significa la desaparición de otras consideraciones más materialistas, pero no por ello menos importantes, hay que pagar salarios, amortizar inversiones y, en definitiva, seguir adelante. Pero, de igual forma, mantenerse en posiciones inmovilistas en lo que al valor de las personas se refiere, resulta igual de absurdo cuando no obsceno.
Esta semana, visitaba la sede central de una de las “grandes” de España. No era la primera vez, he estado en esas instalaciones diez o doce veces. Edificios impersonales y minimalistas con una recepción preparada para impresionar a quien se aventura en los dominios de una de las corporaciones tecnológicas más importantes de España y de Europa y, por ello, supuestamente innovadora. Cuando recorres las distintas plantas del complejo, el ambiente es de supuesta concentración absoluta. Metros y metros cuadrados cuajados de hileras de puestos de trabajo ocupados por gentes silenciosas que apenas si levantan la cabeza para enviarte una mirada furtiva. Moquetas mullidas que amortiguan los pasos de quienes accidentalmente se desplazan a las maquinas de café o a los inocuos urinarios. Un carrito de fast food empujado por un venezolano aburrido enchufado a unos pinganillos que escupen compases de un merengue acelerado. Una becaria que habla despreocupadamente por su móvil, ajena a las escasas horas de vida que le quedan en la empresa. La próxima vez quizás aprenda las reglas que imperan en el paraíso. La última innovación de la dirección ha sido privar a los moradores del complejo de cualquier anclaje emocional con el mundo exterior. Las mesas de trabajo se muestran desiertas de cualquier cosa que no sea la pantalla, el teléfono, un aburrido contenedor de lápices, bolis y rotus, carpetas y los restos del último sucedáneo de café con aspiraciones. Prohibidos los recuerdos. Imposible colar una plantita. Desechados los objetos inútiles y absurdos que solo ocupan espacio, ralentizan la labor de las limpiadoras y pueden llegar a acumular horas y horas de ausente imaginación.
El taylorismo es un viejo recuerdo de un pasado maquinista o, al menos, eso dicen los teóricos de esto que llamamos economía productiva. Es la era de la persona, tiempos de sabiduría y excelencia, conocimiento y talento, proyectos de vida corporativa. Es la hora del humanismo renacido.
El 10 y el 0 son límites impuestos por quien no se atreve a sospechar qué puede haber más allá. Nadie ni nada es un cero absoluto, pero tampoco debiera aspirar a alcanzar el 10 limitador.
Pásenlo bien.

jueves 10 de diciembre de 2009

INSOSTENIBLE


Estandard & Poor´s rebajó ayer las perspectivas de la calificación del crédito soberano español de “estable” a “negativa”. La noticia debe ser adecuadamente tamizada llegando de una agencia de medición de riesgo. Pero se viene a sumar a las alarmas que suenan desde hace más de un año en torno a una realidad más que evidente: la economía española es sencillamente insostenible, utilizando un término de actualidad en los cruciales días de Copenhague.
La crisis global ha destapado las vergüenzas de un milagro español basado en el triste y episódico binomio “sol y ladrillo. Un modelo productivo oportunista, basado en la improvisación, la recolecta rápida de dinero y la total y absoluta carencia de previsión estratégica.
Después de los años de los “pelotaris”, llegaron los “manomanistas”, diestros en el juego corto. Olvidados los tiempos del ahorro y la contención, llegaron los nuevos ricos, exuberantes en sus 4x4 de lujo, analfabetos funcionales con una educación y maneras propias de caciquillos del tres al cuarto. Este país era una juerga, pero, como decía el Manzanilla, que nos quiten lo bailaooo. Y ciertamente nos lo han quitado. Hasta el punto de que nos hemos quedado con una mano delante y otra detrás, preguntándonos qué hemos hecho para merecer esto. Pues hemos hecho muchas cosas, sin hacer nada.
¿Qué hemos hecho por mejorar nuestra competitividad?
¿Qué hemos hecho por imaginar un futuro deseable?
¿Qué hemos hecho por merecernos una clase política más profesional?
¿Qué hemos hecho por merecernos algo distinto?
Preguntarse sobre el pasado inmediato siempre resulta útil, pero lamentarse, no solamente resulta inútil, sino que, además, es signo de imbecilidad en el más puro sentido del término.
Las preguntas deben ser más bien, ¿qué estamos haciendo? ¿qué vamos a hacer?
¿Qué estamos haciendo por modificar la increíble estructura de nuestro mercado laboral?
¿Qué estamos haciendo por acabar de una vez por todas con un sistema educativo que ya padecía Viriato?
¿Qué estamos haciendo por elevar el tono tecnológico de las tres cuartas partes de las empresas españolas?
¿Qué están haciendo los partidos políticos para escapar al estúpido juego del tu no, yo sí, yo no, tu sí?
Nos queda un largo camino, plagado de ladrillos que tendremos que digerir. Pero, al menos, sabemos que hay un camino que recorrer y lo recorreremos a trancas y barrancas. El problema es que cuando lleguemos, por fin, al cruce de donde parten nuevas rutas, no sabremos cuál de ellas tomar y nos contentaremos con seguir campo a través.
¿Recuerdan lo que se lleva hecho?
Aceras, glorietas, ayudas, más ayudas, muchas más ayudas, una Ley de Economía Sostenible que es un insulto a la inteligencia, paternalismo populista y más aceras y glorietas.
Si esto es todo lo que se nos ocurre, sinceramente, habría que pensar en hacerse ermitaño. Al menos la miel y el licorcito de hierbas pueden llegar a ser verdes y sostenibles.