martes, 23 de mayo de 2017

GRACIAS A LA CRISIS







Puede parecer que sea difícil encontrar algo que sea positivo en esta crisis que aún colea, pero aunque parezca increíble la Innovación en este país le debe mucho.
La crisis para bien de muchos y mal de unos pocos  ha acabado con el esperpento circense que supuso “la innovación” entre 2000 y 2007.
Quién no recuerda los grandes fastos institucionales montados en torno a esa palabra mágica que se iba a convertir en la solución a todos nuestros problemas en un abracadabra.
Quizás no tantos sepan los cientos y quizás miles de millones que se fueron por la alcantarilla en un ejercicio de vanidad suprema en aras de una supuesta sensibilización del personal. World Conferences, Meeting Innovation y todas esas cosas se pusieron de moda en los corazoncitos de responsables ministeriales, agencias estatales y autonómicas. Grandes eventos a los que acudían los sagrados sacerdotes foráneos para predicar con el ejemplo a cientos de miles la hora.
Quién no se acuerda de la panda de charlatanes que se hicieron de oro con sus charlas, seminarios y papers donde divulgaban los secretos ocultos de la Innovación a ritmo de ocurrencias estrafalarias y dinámicas que parecían sacadas del Rocky Horror Show.
La locura se extendió como una pandemia a todos los ámbitos. Todas las organizaciones, grandes y pequeñas, reclamaban su sitio bajo el sol proclamando al mundo su compromiso indisoluble con el espíritu de la innovación. De la noche a la mañana habían descubierto que no sólo eran capaces de innovar, sino que lo habían venido haciendo desde el principio de los tiempos.
Recorrías los lineales del súper  y te encontrabas con una salsa de tomate innovadora o una compresa que suponía la innovación más radical que se pudiera imaginar. Encendías la tele o la radio y te encontrabas con el spot de una gran petrolera que anunciaba su última y colosal innovación: ofrecer un espacio wifi en sus estaciones de servicio. Abrías el periódico por la sección local y podías reconfortarte al leer que tal diputación o ayuntamiento había creado un gran laboratorio de innovación en los antiguos terrenos del Tío Roque.
Incluso las vetustas instituciones financieras se apuntaron a la gran verdad. Una de ellas incluso destino todo un edificio histórico a la innovación corporativa gastándose el oro de los dioses en el último grito de tecnología y mobiliario. Hoy en día, es un lugar triste cuyos espacios se alquilan por horas para seminarios formativos o eventos promocionales.
La crisis se llevó por delante a charlatanes, partidas presupuestarias millonarias y astracanadas varias. Ya nadie habla de aquella innovación. Quienes divulgaban la auténtica innovación continúan haciéndolo de forma seria y callada. Quienes trabajaban por hacer de la Innovación parte del ADN de sus organizaciones continúan peleando por ello al tiempo que recogen sus frutos.

Todo esto es lo que le debemos a la crisis que no es poco. Adiós al show de la innovación y bienvenida la Innovación.

lunes, 22 de mayo de 2017

DESPUÉS DE COLGAR LAS BOTAS








Prácticamente un año, trescientos sesenta y cinco días o doce meses, como se prefiera. Cuatro estaciones sin publicar un post en este viejo amigo que es mi blog, pero todos pasan sus crisis de identidad digital y yo no iba a ser menos.
¿Por qué regreso?
Puede ser que haya sobrevivido a la crisis si es que alguna vez ha existido.
Puede que necesite expresar mis pensamientos en algún oscuro rincón virtual.
No creo que sea una cuestión de narcisismo digital aunque vaya usted a saber.
Lo más probable es que mi cambio de status haya influido y es que he colgado las botas y eso no sólo te hace ver las cosas con perspectiva, sino que además te da un plus de libertad a la hora de decir lo que uno piensa.
No es que me haya tragado muchas cosas hasta ahora. Desde pequeñín ya me hablaban de mi cualidad para “hacer amigos”, es decir para hacerme incomodo gracias a mis opiniones poco recatadas. Pero si es cierto que mi nueva condición me hace un poco más libre y de ahí la refundación de este blog que, siguiendo la practica habitual en los medios, se anuncia bajo el epígrafe de “segunda época” como se puede ver en la portada.
Pues nada, aquí seguimos hablando de innovación en un sentido más que amplio del tema porque el cambio y la innovación es un acto genuinamente humano y lo humano, a diferencia de lo divino, es plural y diverso.


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Jose Luís Montero, un Viajero Accidental

miércoles, 15 de junio de 2016

JAVIER C.








Javier C., cincuenta y tres años, casado, dos hijos, estudios universitarios y un master en una acreditada escuela de negocios. Comenzó trabajando en una mediana empresa especializada en componentes eléctricos; posteriormente se incorporó a una empresa tecnológica donde llegó a ser director de compras para finalmente incorporarse a la filial de una multinacional como alto directivo. Situación actual: oportunista o lo que es lo mismo, autónomo dependiente del trabajo que otros le ofrecen periódicamente. Perspectivas de futuro: apenas, salvo sobrevivir como buenamente se pueda hasta que llegue el momento de la jubilación si es que para entonces existe.
No es un caso cualquiera, simplemente es “el caso”, el paradigma socio laboral dominante en un país que parece una sala de cine en la que se proyecta Más dura será la caída, aquella pequeña joya protagonizada por Humphrey Bogart en los años cincuenta. Para quien no la recuerda o simplemente no había nacido, puedo resumir la trama argumental en pocas palabras: Eddie Willis (Humphrey Bogart), un veterano periodista es contratado como agente de prensa por Nick Benko (Rod Steiger), un hombre sin escrúpulos, para que consiga hacer famoso a Toro Moreno, un armario de boxeador, pero torpe y lento, a quien hacen creer que es gran campeón a base de amañar los combates.
La crisis, como acostumbran a llamar al descubrimiento del milagro amañado, ha dejado muchos Toro Moreno en este país, demasiados. Personas acorraladas contra las cuerdas, incapaces de asimilar tanto golpe inesperado, se retiran una y otra vez a su rincón donde escuchan a su promotor anunciar la resurrección de las almas a cambio de sacrificio y austeridad para acabar regresando al ring con la única esperanza de poder regresar al rincón al final del asalto.
En un pasado no muy lejano, existió en este país mucho talento en potencia, pero también surgieron cientos de Benkos que acabaron por ahogarlo en un océano que prometía ser azul y se torno rojo. También existieron muchos Willis, fervorosos creyentes del milagro que lo anunciaron aquí y allá en un derroche de encounters, happenings y toda suerte de “eventos” bautizados con siglas incomprensibles que nadie comprendía muy bien, pero que anunciaban modernidad y progreso.
Ahora ya sólo quedan los Toro Moreno deambulando como caminantes en un futuro cuya única certidumbre es la incertidumbre. Los Benkos hace tiempo que se esfumaron, algunos rezagados duermen su pillaje en alguna celda a la espera de disfrutarlo, otros entran y salen de los juzgados con paso apretado aunque no tanto como sus trajes, camisas y corbatas de a dos mil por pieza, mientras los Willis apenas ya si escriben de esto convertido en aquello, no porque no quieran, sino porque ya no creen en ello.

Aquella vieja película de Bogart se ha transformado en un disparate felliniano en el que nuestro Javier C. Se ha transformado por arte de magia en una Giullieta de los Espíritus, condenado a recordar lo que pudo ser y no fue.  

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