miércoles, 10 de febrero de 2010

VIAJERO ACCIDENTAL


Al leer el último post de mi amigo Fernando – El Blues del Autobús -, he recordado mis viejos tiempos de “viajero adicto”, cuando podía llegar a coger hasta cuatro vuelos al día y echarme a la espalda cinco o seis reuniones. Todo hasta que, un buen día, me desperté en la habitación de un hotel y comencé a preguntarme dónde carajo estaba. Al poco, descubrí que se trataba de Menorca y, entonces, en aquel preciso momento, decidí que aquello se había acabado. De todo esto hace ya tres años largos. Y, no crean, no lo echo demasiado en falta y, además, he sobrevivido que no es poco.
Me he pasado media vida predicando que las situaciones deben enfrentarse como problemas, evitando identificarlas como molestias. Problemas que deben ser contemplados como oportunidades. La Incertidumbre como valor. Pues bien, aquella mañana en Menorca llegó la hora de decidir si era un charlatán ingenioso o un creyente convencido.
Tenía un problema, más bien varios. Mi cabeza empezaba a dudar de mi cuerpo. Era feliz con mi trabajo, pero tenía la ligera sospecha de que estaba llegando al final de mis aportaciones de valor en la organización. Mi figura estaba sobradamente asentada y sin mayores esfuerzos podría llegar al final de mi vida profesional cumplidamente. De hecho, era un “histórico”. Pero era precisamente eso lo que anunciaba el fin de mis aportaciones. Y, cuando uno no aporta, no puede ser feliz. Personalmente, siempre he defendido que uno está aquí de paso con una misión muy específica: ser feliz.
Desde esta perspectiva, la solución parecía evidente. Pero había algún que otro detalle de no menor importancia. ¿Qué hace un tipo con cincuenta y dos tacos encima lanzándose a la aventura? ¿Y la seguridad del trabajo indefinido? ¿Y la nomina mensual? ¿Y la jubilación? ¿Y…
Al final el creyente convencido se impuso al charlatán y aquí me tienen, más cerca de la jubila que del primer trienio, pero feliz que es de lo que se trataba. Miro atrás con una sonrisa y dicen que, cuando habló, transmito certezas. Mis viajes se han espaciado más en el tiempo. Dejó que los más jóvenes de mi empresa “conozcan mundo”. Y, por eso, me he convertido en un VIAJERO ACCIDENTAL.

11 comentarios:

echar un remiendu dijo...

Que bonita argumentación del nombre del blog. Gracias por compartirla con nosotros.

JLMON dijo...

El nombre parecía "accidental", pero no lo era.
Cuidate

Josep Julián dijo...

Saber bajarse a tiempo es un arte y coger otra dirección ni te cuento.
Un abrazo.

JLMON dijo...

Me parece que en eso tú también tienes experiencia y sabiduría Josep.
Un abrazo

Astrid dijo...

Tomo prestada tu expresión "la incertidumbre como valor". En esa sociedad nuestra hiperasegurada, plantearse la vida en esos términos tiene un doble valor.

Un saludo,

JLMON dijo...

Hola Astrid
Gracias por tu visita. La Incertidumbre es consustancial al hombre, así que lo enfocas así o lo llevas claro.
Cuidate

JMPazos dijo...

Me recuerda a "La hora de los Valientes" y sin embargo quizá no estés de acuerdo. Sin embargo sin semilla, nada germina. Las circunstancias como oportunidad son aprovechadas por los valientes y despreciadas por los mediocres.

JLMON dijo...

Jose Manuel
Es mucho comparar...
Gracias por la visita

Germán Gijón dijo...

Ex-viajero convencido, diría yo. Parece que colgaste las botas con honor, como los buenos futbolistas. Lo mejor de todo es que ahora vives, ¿no es cierto?
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis.

Gracias por citar mi post. esa sensación la he tenido varias veces, y cuando eso ha "podido conmigo" me he bajado del autobús. Lo que pasa, es que he vueto a la carretera y estoy convencido de que un día, como los futblistas, me bajaré para siempre.
Un abrazo

Boni dijo...

Hola maestro, se que sigues viajando en el mundo del conocimiento del que nos haces partícipes con tus post y tu saber estar

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