domingo, 15 de mayo de 2011

C DE CENTRIFUGO


CENTRIFUGO
Que se aleja del centro o tiende a alejar de él

La historia de España como estado es una sucesión de situaciones provocadas por la combinación de fuerzas centrifugas y centrípetas, centro y periferia, nacionalismo y nacionalismos, focos empresariales de distinta tendencia y sensibilidades socio- culturales de distinta naturaleza y exigencia.
Tras la muerte del general golpista, trasmutado a salvador de Occidente, la tendencia inequívoca apuntaba hacia una nueva situación centrifuga después de un dilatado periodo de centralismo impuesto. Sin embargo, las distintas fuerzas políticas llegaron a un consenso que salvó la situación en forma de Estado de las Autonomías. Desde entonces y hasta ahora, la situación se ha caracterizado por un tira y afloja entre el Gobierno Central y aquellos territorios con reivindicaciones históricas más o menos fundamentadas según la mayor o menor solvencia representativa de los partidos gobernantes y sus necesidades de pactos mercantilistas, así como por estrategias basadas en la solidaridad y corresponsabilidad a la hora de contentar a todas las partes. Ricos, menos ricos y algo menos ricos.
La historia de este estado nos dice que tan sólo hemos sido capaces de unirnos espontáneamente ante retos que nos hemos propuesto conjuntamente y que han acabado marcando hitos bien conocidos: colonización, independencia frente al invasor o futuro ante el abismo abierto tras el cierre de una prolongada dictadura. Lo económico nunca ha sido un factor centrípeta, sino más bien centrifugo en toda su intensidad. En determinadas aventuras, ciertos compañeros de viaje nunca han sido bien recibidos y, en todo caso, se les ha soportado por la fuerza de mano de obra que pudieran aportar. Puede resultar descarnado, pero sólo hay que mirar hacia atrás, sin ira, por supuesto.
En consecuencia, la actual situación económica, podría augurar la llegada de una nueva “era centrifuga”. Sin embargo, la gravedad de la coyuntura está demostrando que el miedo y la incertidumbre pueden más que las malas costumbres históricas. De igual forma que todos, desde el monarca hasta el pastor meseteño, estamos ciertamente pasmados de la paz social que reina, pese a la desesperanza de cinco millones de personas, nuestro asombro se extiende a la “paz nacionalista” que parece haberse instaurado, tan sólo rota por la ambición desmedida de las dos grandes agrupaciones políticas que sobrepasan, día tras día, las formas más elementales de urbanidad y educación.
Pero la situación es lo suficientemente grave como para desaconsejar aventuras aisladas en un contexto tan inestable que convierte a países como Grecia, Portugal o Irlanda en empresas colectivas al borde de la quiebra. Es preferible aguardar y resguardarse en el tamaño- España.
En cualquier caso, la reactividad no es la estrategia más adecuada en este caso. Necesitamos pro actividad en busca de oportunidades de futuro. Urgimos de retos que puedan ser compartidos y que generen una fuerza centrifuga positiva que acabe concitando fuerzas y voluntades.
Es la hora de las fuerzas centrifugas, capaces de expresar crecimiento y expansión frente al recogimiento centrípeta, signo de debilidad y encogimiento.
Es la hora de los erizos frente a los zorros. La hora de los liderazgos compartidos frente al abatimiento.
No necesitamos centrípetas que intenten igualdad artificial frente a una diversidad real, fomentando resquemor entre aquellos con mayor potencial y desconfianza entre quienes no han encontrado su “papel”.
No necesitamos un Estado de las Autonomías que convierta a cada presidente autonómico en un sátrapa con aspiraciones, a cada autonomía en un micro estado que deba aspirar a ser mejor que la otra a fuerza de centros tecnológicos, palacios de congresos, aeropuertos fantasmas, “casa putas y frontón” que decimos los vascos.
En este país hay gente que por su altura llega a recoger la fruta de las ramas más altas, gente de mediana estatura que puede cuidar de los brotes y, finalmente, gente de poca altura que está capacitada para eliminar las malas hierbas. Sólo con el concurso de unos y otros, el árbol acabará floreciendo.
Una gotita impactando sobre la superficie del lago produce dos o tres ondas, nada comparable a la fuerza de una gota.
Seamos gota centrifuga antes que agujero centrípeta.

9 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Jose Luis:
La verdad es que hacen falta discursos de este calibre. Leo por aquí y por allá cosas similares y concluyo que, desgraciadamente, el punto de encuentro de todos nosotros todavía está lejos.
Aun así, sigamos adelante, porque en algún momento esto se tiene que acabar.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Certero como siempre, pero como dice Javier, el punto de encuentro todavía está lejos, pero habrá que intentarlo ¿no?

Un abrazo

JLMON dijo...

Gracias Javier
Sí, por algún lado...Ya ves este domingo la que se ha armado y es que al final...

JLMON dijo...

Hola Fernando
Eso sin dudarlo

Katy dijo...

Largo me lo fiás con la "C"
Seamos... Para ser hay que querer y esto es lo que no tengo claro. Creo que hay muchos mas zorros que erizos.
Tiene que ocurrir algo muy gordo (porque parece que los 5.000.000 millones de parados no es sufieciente) para que nos decidamos entre todos cuidar el árbol.
Un abrazo y buena semana

El próximo será "D" ¿ a dedo?

Josep Julián dijo...

Yo estoy entusiasmado como un niño con zapatos nuevos con esta iniciativa ácrata en el sentido de desorganizada que se ha montado con Queremos Democracia Ya. No sé cómo acabará pero al menos demuestra que no está todo perdido.
Un abrazo.

JLMON dijo...

HOLA KATY
Te veo un poco exceptica...
No es de extrañar, pero no hay que cejar en el empeño
Cuidate

JLMON dijo...

Josep
Estoy contigo aunque matizo...
Es un movimiento espontáneo, pero no creo que vaya a ser "acompañado". Como dijó ayer uno de los "acampados": ¿dónde están los 5 millones de parados?
cuidate mucho

B. Sanz dijo...

Recuerdas cuando eramos jóvenes? Recuerdo la acampada en la universidad de Deusto, cuando se protestaba.... da igual contra qué se protestaba, había mucho por lo que indignarse. Fueron varios días de encerrona en los que yo, trabajadora, y vosotros estudiantes, os llevaba bocadillos. Os recuerdo tirados en el suelo, en los sacos de dormir. La policía siempre vigilante en la puerta de la Facultad..... cómo repartían......
Ahora también hay muchos motivos por los que indignarse y llevo tiempo preguntándome dónde están los parados, todos esos jóvenes que optan a su primer empleo y que no consiguen nada. Qué les pasa?
Ellos sin que necesitan que los centrifuguen..
B. Sanz

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