lunes, 13 de febrero de 2012

LOS RECURSOS DE LOS HUMANOS QUE NO LOS RECURSOS HUMANOS


Aunque el progresivo cambio climático imponga sus nuevas condiciones, de momento, el espectáculo de los bosques de Irati continua conmoviéndonos un otoño tras otro. Sin embargo, aunque aparentemente lo parezca, el bosque no es el mismo que contemplamos el año anterior, el biotopo y la biocenosis deben acomodarse a los tiempos que, en términos del ecosistema, no es otra cosa que los condicionamientos que los factores externos imponen. Quizás el bosque no permita vislumbrar el haya, el abedul o el serval, pero están ahí y evolucionan año tras año.

Quizás la empresa no nos permita percibir en toda su intensidad a las personas que hay tras ella más allá de la organización, protocolos, normativas y sistemas que la regulan. Pero están ahí y debieran evolucionar año tras año más allá de las rutinas y tácticas que exigen una mayor eficacia y eficiencia. Incluso más allá de la retórica declaración de su misión, visión y valores.

Quizás resulte contradictorio embestir contra el término “Recursos Humanos” como algo trasnochado e inadecuado cuando, en realidad, tuvo su origen en una reacción decidida al taylorismo imperante en los inicios del pasado siglo, un movimiento convencido de que las personas eran algo más que simples piezas del engranaje productivo que había que manipular como si de un lego se tratasen buscando el mejor escenario productivo posible. Pero los arboles cambian aunque el bosque, en apariencia, continúe siendo el mismo.

La percepción de las personas como una pieza más del puzle productivo tiene su sentido desde una perspectiva estrictamente cuantitativa y optimizadora y no resulta nada nuevo, sino más bien una evolución obligada desde los viejos parámetros de la tierra, el capital y la fuerza de trabajo. Por mucho que el humanismo economicista se empeñe, esta visión está llamada a sobrevivir a los tiempos y modas porque, al fin y al cabo, hay que producir, competir y vender, expresándolo en términos groseros, pero realistas. Quizás es lo que permita sobrevivir al bosque. Pero más allá de la masa arbórea se encuentran todos y cada uno de los arboles que, al fin y al cabo, han conseguido que ello sea posible.

Los nuevos Recursos Humanos consiguieron imponerse introduciendo los necesarios componentes de humanidad, colaboración, cohesión y hasta liderazgo. Pero, quizás sea el momento de que el bosque mude su apariencia ofreciéndonos un nuevo espectáculo de color. La selección, contratación, formación, retribución y ubicación de las personas siempre será necesaria, pero nuestra evolución quizás nos obliga a reconocer que no es suficiente si deseamos continuar progresando, no sólo productivamente, sino también como personas porque, quizás, en última instancia, lo importante sea ver el bosque, pero sin todos y cada uno de los arboles jamás podríamos llegar a hacerlo.

Dicen que los nuevos factores productivos son ya cuatro y no tres. Hablamos del capital mental, el técnico, material e inmaterial. Pero, de momento, salvo algunas extraordinarias excepciones, son ideas huérfanas, es decir sueños que esperan convertirse en realidad. Pero lo realmente curioso es que hablamos de algo primario, esencial y consustancial a la naturaleza humana, su capacidad de combinar el acto físico con la reflexión intelectual. Una nota diferencial pero no diferenciadora como hasta ahora se ha pretendido en una interpretación piramidal de todo cuanto se mueve en el ámbito de la empresa. De igual forma que el bosque evoluciona al compas de las condiciones externas, la empresa como unidad básica de organización y producción, debe cambiar sin destruir todo aquello que ha conseguido, pero integrando aquello que olvidó en la vorágine del progreso competitivo. Las personas pueden “trabajar”, pueden “trabajar en equipo”, pueden ser cada vez más eficaces, pero nunca llegarán a ser reconocidas totalmente como personas mientras no se admita que también PUEDEN PENSAR SIN EXCEPCIÓN, INDEPENDIENTEMENTE DE SU CUALIFICACIÓN, UBICACIÓN O RETRIBUCIÓN.

Mientras esto no sea un hecho normalizado en la empresa, es inútil, cuando no absurdo, continuar hablando del valor de “lo intangible”, la economía del conocimiento, el emprendimiento interno y hasta discutir acaloradamente sobre si el liderazgo es inspirador, trascendental, compartido o metafísicamente astral.

Desde un punto de vista práctico, la aceptación y normalización de esta realidad supondría también la creación de una nueva área de gestión en esa estructura piramidal que tanto necesitamos para nuestra tranquilidad y seguridad. Si así lo hiciéramos, estaríamos cometiendo un nuevo error elemental. El pensamiento no acompaña a la acción sino que le antecede. No disparamos apuntando, aunque así lo parezca. Primero apuntamos y después disparamos. Primero reflexionamos y después actuamos y quien así no lo hace, tendrá que reflexionar sobre el error antes de volver a actuar y si continua en esta dinámica tan sólo podrá contemplar abatido el fracaso.

En el bosque de la empresa actuamos sobre las rutinas aplicando la mecánica de protocolos y procesos perfectamente definidos y probados en su eficacia y eficiencia. Este no es el lugar ni el momento del pensamiento, domina el conocer y cuanto mejor conozcamos, mejor produciremos. Pero, como ya observó hace algún tiempo Heráclito, el bosque nunca es dos veces el mismo. Las rutinas y sus tácticas tienen una existencia limitada por la propia evolución del contexto sobre el que actúan. Cuando se produce su saturación en términos de ineficacia, surge una situación que acostumbramos a llamar “problema”. Nuestro primer impulso nos conduce a la acción bajo el paradigma de la optimización y nuestra primera estrategia consiste habitualmente en tratar de insistir en la táctica que se ha demostrado superada. ¿Cuántas veces ha pulsado el comando imprimir pese a que la impresora no da señales de vida? Los problemas se resuelven pensando y después actuando sobre la estrategia que percibimos como solución. Este es el lugar y el momento de ese DERECHO A PENSAR. Es universal porque los problemas también lo son en una empresa, afectan tanto al consejero delegado como al operario de línea, pasando por el encargado del almacén automático. Cada uno de ellos debe saber y poder enfrentarse a los problemas de forma independiente y responsable, pensando, generando ideas, convirtiéndolas en estrategias y actuando para hacerlas realidad. ¡Es la evolución amigo! Las viejas tácticas dejan paso a las nuevas estrategias que, si se demuestran eficaces, pasan a convertirse en nuevas tácticas, protocolos y procedimientos, productos o modelos de negocio, éxito al fin y al cabo. Unos le llaman innovación, otros calidad total, hay quienes lo bautizan con el exótico apellido “kaizen”, también hay quienes practican un sucedáneo descafeinado que llaman “política de sugerencias” y mil cosas más. Pero, en esencia, no son otra cosa que LOS RECURSOS DE LOS HUMANOS.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola amigo, aquí una anónima.
De la empresa que más conozco es la familiar y he de decirte que en ella se demuestra que los recursos de los humanos son los primeros a conseguir.
Continuamente se evoluciona, se cambia de posicionamiento, se investiga la fórmula que dé los mejores resultados...En fin, de recurso humano menos, predominantemente los recursos de, los Humanos.

JLMON dijo...

Hola Anonima
Gracias por tu visita y comentario.
Las empresas familiares son importantes en nuestro tejido empresarial y, de hecho, como bien apuntas, reunen una serie de características para ser agentes de cambio activos en el modelo de gestión.
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Y mira que pasa el tiempo y seguimos sin enterarnos. Hace ya casi un siglo Henry Ford nos decía que "Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá esa sea la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen". Y seguimos sin darle una oportunidad.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Muy bueno y estoy de acuerdo con el planteamiento que haces. Sin embargo no son pocas veces las que me encuentro con gente que no quiere pensar a pesar de que se ofrezcan todas las facilidades. Existe mucho miedo a pensar y a crear. En muchas organizaciones son las mismas personas quienes frenan el cambio por aquello de que no se descubran sus mediocridades. Es decir, solo piensan en ellos y además lo hacen mal.
Un abrazo

JLMON dijo...

Hola Javi
Sí y además es curioso que Ford el gran impulsor del taylorismo hiciera esta afirmación....
Cuidate

JLMON dijo...

Hola Fernando
El papel de los "irreductibles" no es de despreciar así que, si te parece, ampliaré esto en un próximo post, gracias por la idea!!!!
Cuidate

Katy dijo...

"El pensamiento no acompaña a la acción sino que le antecede"
Sería loable reflexionar antes de hablar y actuar aunque la mayoría de las veces no es así. Luego vienen las disculpas.
Estoy de acuerdo contigo pero tengo una duda creo que razonable. Como somos humanos y diferentes pensamos se manera diferente y así es difícil entenderse y menos contentar a todos. La función de una empresa además de ganar dinero creo yo es generar riqueza y hasta que nos ponemos de acuerdo tela.
Sigo aprendiendo...
Un abrazo

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