sábado, 17 de abril de 2010

LA OTRA CREATIVIDAD


Hace ya un par de años, publiqué un post sobre “la otra creatividad”, aquella que no cumple con el requisito fundamental de todo acto creativo: ser útil y, por definición, servir a la sociedad de forma generalizada. Para ilustrar la reflexión, tuve la osadía de poner como ejemplo el atentado de las Torres Gemelas. Aquello me costó ser expulsado de dos conocidas redes profesionales norteamericanas, aunque tampoco me sorprendió.
Dos años después, continuo defendiendo la misma idea. La creatividad está basada en el uso de nuestras competencias intelectuales, las mismas que utilizamos en nuestros procesos de razonamiento formal, pero dirigidas a la búsqueda de alternativas de solución a situaciones problemáticas, es decir, aquellas cuya solución, a priori, desconocemos. Las estrategias de solución no tienen, necesariamente, que estar dirigidas al “bien común”, al menos, al bien común general. Pueden repercutir en un bien individual, grupal o, incluso, en la confirmación de unas creencias compartidas por algunos millones de personas. Es “la otra creatividad”, la otra utilidad. Y, como todo en esta vida, es producto de la necesaria diferenciación que da vida a las ideas, fenómenos y principios. Es la trampa de la diversidad.
Estos días, nos rasgamos las vestiduras ante el posible comportamiento fraudulento de algo tan intocable como Goldman Sachs. Sinceramente, me parece una reacción ingenua y candorosa, propia de quienes todavía piensan que ese lugar llamado Vaticano, está habitado por espíritus angelicales que se sitúan más allá del bien y del mal.
Existen muchas formas de violencia, algunas de ellas tipificadas como “terrorismo”, casi siempre de origen político, religioso o étnico. Pero debiéramos inaugurar una nueva categoría bajo la denominación de “terrorismo financiero”, practicado desde el principio de los tiempos, pero que ha cobrado una actividad inusitada desde el último tercio del pasado siglo. Esta variante de violencia se muestra refinada en sus estrategias, producto de un proceso evolutivo que se remonta a muchos siglos atrás. El terrorismo financiero se ampara en la impunidad que le confiere el mito, el absurdo de la realidad de lo lógicamente irreal, la indefensión de la sociedad ante la inescrutable red de influencias que acaban conduciendo al último escalón de ese otro mito que es el poder político y la ignota “omertá” que rige en el seno de las redes de terrorismo financiero afincadas en esa extraña tierra de libertad que es Estados Unidos.
Las “líneas de negocio” de esta hermandad son múltiples, basadas en el principio de diversificación del riesgo, pero el Viejo Continente es uno de sus objetivos predilectos. Primero se atrevieron con la libra, mostraron cierta incertidumbre con las consecuencias mal calculadas del desastre subprime, pero, de nuevo, han vuelto a la carga. En los últimos momentos del pasado año, decidieron que los PIGS europeos eran la clave para conseguir una presa de caza mayor, el euro, y como medida de seguridad decidieron incluir también en el paquete a la Italia de Dante, modificando así el término original por el de PIIGS, menos glamuroso, pero más eficaz. Hablamos de personajes sin rostro ni nombre, aunque dejan entrever a algunos de sus miembros, los Soros, Paulson & Cia. Gentes que muestran un grado de refinamiento en sus prácticas terroristas muy superior a la joven creatividad de Al Qaeda o a las burdas maneras del terrorismo más ortodoxo de organizaciones como ETA. Ellos nunca se sentarán en ningún banquillo, para eso ya tienen a bufones como Bernie Madoff o a incautos como Lehman Brothers.
Esporádicamente, permiten que instituciones como la Comisión Nacional de Valores norteamericana (SEC) proyecte un halo de preocupación y responsabilidad, acusando nada menos que a Goldman Sachs de fraude civil. Pero, no se dejen engañar, son estrategias calculadas que no hacen sino reportar nuevos ingresos.
Esta es la “otra creatividad”, aquella con la que nos vemos condenados a convivir. Jesús de Nazaret dijo “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”. Los terroristas financieros responden “¿De qué cojones me hablas?”

4 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Fantástico José Luis:

Comparto plenamente lo que expones. Existe terrorismo financiero o de guante blanco. Sus acciones muestran que la creatividad no tiene límites. Cogen el briefing, lo analizan, le dan un par de vueltas, fijan el objetivo y crean la idea, que rara vez les falla.
Los curioso es que sabiéndolo, ni dios muevo un dedo por evitar este terrorismo.
Un abrazo

JLMON dijo...

Hola Fernando
Sospecho que, entre otras cosas, cortan más bacalado que el financiero.
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Jose Luis:
Estoy con Fernando. En esta cultura no ponemos freno a los desmanes hasta que nos desbordan. Y muchas veces ni con esas.
Un abrazo.

JLMON dijo...

Hola Javier
Gracias

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