
BIEN-VE-NI- DOS anunciaba el incombustible Miguel Ríos…
Comienza un nuevo año y sería iluso suponer que las cosas cambian de un día para otro, el tiempo no entiende de conmemoraciones y hasta las observa irónico mientras el común de los mortales contempla derrotado el concierto de año nuevo esperando la llamada a un nuevo exceso culinario. Pero siempre se produce un terremoto aquí, una catástrofe ferroviaria allí o un atentado allá que abre el noticiario y nos devuelve a la realidad, esa realidad que parece ajena y lejana, pero que construimos día a día con nuestros sueños, temores y ambiciones.
Una vez más, sufriremos “la presión de los mercados” que es una forma ambigua de referirse a una o dos docenas de individuos que gestionan los dineros de un par de cientos de personajes que son los que realmente tienen la sartén por el mango. Decía la señorita Salgado esta mañana que era impensable un “rescate” de Portugal. Señorita, ¿todavía no ha caído en la cuenta que una cosa es lo que la lógica anuncia y otra lo que esa docena de individuos decide? Mientras tanto, la cola se mueve y cada vez tenemos menos incautos por delante. Al fin y al cabo, todos ganan. Piensen en una Francia y, sobre todo, Alemania cada vez más reforzadas en un club en el que la mayoría jugaba a las canicas mientras ellos cuidan el green.
Una vez más soportaremos estoicamente a estos políticos que nos ha tocado vivir. Ni unos ni otros se deciden y cuando las isobaras están próximas, el viento arrecia. Ni tú, ni yo, sino todo contrario. Entre la eterna duda de Don Mariano y la juventud perdida de Don José Luis no hacemos camino al andar porque lo suyo es la finta grotesca. No tengo nada contra el señor Rubalcaba, pero sí él es la clave, paren que me bajo. Don Mariano contempla aterrado al señor Mas colgar el timón de su abuelo en la pared de su nuevo despacho y ya se imagina haciendo lo propio con la gaita de su tío abuelo y es que el gremio, que no los tiempos, no dan para mucho más que un traspaso de locales.
Continuará la sangría de autónomos y pequeñas empresas porque los fondos de resistencia se agotan y no han tenido la suerte de deber cien mil en lugar de mil para poder entrar en el club de los zombis bien alimentados. Decían los antiguos, ya fallecidos por cierto, que estas cosas se arreglan con una guerra, pero en estos tiempos que corren, ni hay posibles incautos cerca a quienes convertir en enemigos y ya tenemos bastante con los fundamentalistas que cobardemente se niegan a ponerse en línea para que un predator los borre del mapa en un abrir y cerrar de ojos. Así que la solución es recurrir a las conocidas sangrías, asépticas e inocuas. No se preocupen por “las grandes de España”, estas van a su bola y, si es posible, se declaran neutrales de rojo y gualda por si vienen mal dadas.
Fumar o no fumar, descargar o pagar, descansar o trabajar, esas no son las cuestiones. La gran paradoja consiste en observar como cada vez que la libertad parece ganar una colina, las prohibiciones ocupan la cordillera. ¿No será que la libertad es un francotirador camuflado? No me extraña que el moro denunciará al profesor por citar al jalufo, yo hubiera hecho lo mismo en un país donde el respeto ha acabado en sainete melodramático.
En fin, el panorama parece desesperanzador, pero, no se preocupen porque donde crece la desgracia, germina también la esperanza. Y, de una forma o de otra, hay que seguir adelante. Es eso que los ilustrados llaman “emprendimiento”.
BIEN-VE-NI-DOS





