miércoles, 8 de diciembre de 2010

UNA MALDITA ASPIRINA


Si me preguntaran qué sector empresarial no merece mis simpatías, dudaría apenas unos segundos antes de recuperar la compostura y afirmar decididamente: las empresas farmacéuticas.
¿Por encima de las gestoras financieras o las petroleras? Sí, decididamente. Estas, al menos, son lo que son y poco o nada hacen por ocultar el secreto de su negocio, bussiness is bussiness. Pero la industria farmacéutica es otra cosa, refinada en sus modos y maneras, secretista y endogámica, más allá del bien y del mal, justo al borde del dolor.
Es algo así como el párroco de la aldea perdida en las brumas de los valles. Se le presupone asceta, comedido, virtuoso y hasta entrañable. Pero todo ello no quita para que tenga un sobrino aquí y dos o tres sobrinas allá y hasta quizás seis o siete primas primeras, segundas y terceras.
Mi antipatía por este tipo de empresas no viene derivada tan sólo por aquello que resulta más evidente: mercantilismo, deshumanización, trato vergonzante al denominado Tercer Mundo y manipulación. Quizás esto sea lo menos grave por tratarse de un lugar común. Sin embargo, existe algo más sutil y perverso que realmente concita toda mi animadversión. Las farmacéuticas están consiguiendo redefinir el concepto de salud hasta convertirlo en una utopía difícil de alcanzar. Algo tan natural como el nacimiento, la sexualidad, la pubertad, la disonancia emocional transitoria, la vejez y finalmente la muerte, han acabado por convertirse en simples estados patológicos. Dicho de otra forma, han conseguido la cuadratura del círculo: hacernos sentir felices en la infelicidad.
Pero no, no se preocupen, no pretendo traspasar las fronteras de la demagogia moralista porque, entre otras cosas, entraría en un terreno que estas empresas dominan perfectamente. Este es un blog dedicado a la Innovación o, lo que es lo mismo, a la capacidad de las personas para ser cada vez mejores y hacer a los demás cada vez más felices.
Aparentemente las farmacéuticas son innovadoras por naturaleza, la investigación básica y aplicada está en sus genes. Cada medicamento necesita de 10 a 12 años de ardua investigación y no menos de 900 millones de euros de inversión o, al menos, eso afirman los interesados aunque no estaría mal conocer el auténtico desglose de esos novecientos millones. Pero esto no basta o, al menos, no es el auténtico sentido que conferimos a la Innovación como fuente de valor y progreso.
Lo que ocurre es que más allá de la investigación apenas si parecen existir posibilidades para la Innovación en este campo. En caso extremo podríamos recurrir a intervenciones puntuales en los procesos o hasta en los modelos de negocio, pero poco más. La industria farmacéutica se asemeja al mecanismo de un reloj suizo. Precisa, inalterable, un modelo estable por naturaleza.
Se ha señalado en muchas ocasiones en este blog que una empresa nunca podrá ser una institución de beneficencia, no está pensada para ello. Pero sí puede, en cambio, aspirar a ser “beneficiosa” para las personas que trabajan en ella en primer lugar y, después, en la medida de lo posible para el entorno en el que nace, crece y se transforma. Algunos lo llaman RSC – Responsabilidad Social Corporativa, término y práctica polisémica sobre la que también planea la sombra de la duda. De hecho, muchas farmacéuticas desarrollan una amplia actividad de RSC aunque pocas son las que realmente convencen a sus stakeholders de la autentica bondad desinteresada de sus actuaciones.
Quizás una de las posibilidades de innovación real consistiera en redefinir el concepto de RSC que, con toda seguridad, acabaría por conducirles a la esfera de la Innovación Social, Es difícil vender un tratamiento contra el colesterol como si de un iPod se tratara, pero no es imposible y si se logra, comenzaría el retorno a la naturalidad del nacimiento, la vida y la muerte. Pero el secreto no se encuentra en la aspirina, sino en quienes la han ideado, inventado y desarrollado para eso, para que sea una simple y maldita aspirina.




Nota: si usted está interesado en profundizar sobre el tema, quizás le interese leer el análisis de Jörg Blech, “Los inventores de enfermedades”


13 comentarios:

Anónimo dijo...

Puma....creo que compartimos exactamente el mismo sentimiento de repudio a las famras. Y lo mejor es que empresas como los señores Roche que en su denominado Programa de Excelencia Operacional despedirá a un total de 6300 empleados ya que para que sus inversionistas no se vayan a otro lado requiere mantener una tasa de crecimiento de al menos 2 cifras.

y la pregunta es...qué hacemos? es posible pensar en una forma innovadora de repudio o veto ante un sector que nos tiene pillados por los cataplines.

un saludo
Gonzalo

JLMON dijo...

GONZALO!
Qué bueno saber de ti, hacía ya un tiempo...
Si nos tienen cogidos de ahí, por lo menos y el consuelo es pobre pensando que cada vez que meten la pata, la pagan millones....
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Jose Luis:
Tengo un amigo que trabajó durante muchos años en una empresa de estas.
Sin comentarios.
Un abrazo.

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Nunca lo había visto de esta manera, auqnue si sospechaba que funcionan de una forma muy particular.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Buenas tardes
Trabajo en unos laboratorios por lo que entenderá que no me registre...
Todo nos estal como parece aunque, en lo esencial, debo reconocer que su post refleja la realidad.
La cantidad media que cita se situa entre 800 y 900 millones efectivamente aunque, en muchas ocasiones, es muy superior. Pero, existen partidas importantes no relacionadas directamente con la investigación.
Un saludo

JLMON dijo...

Hola Javier
Pues sí, ya ves....sin comentarios si ya sabes de qué va
Cuidate

JLMON dijo...

Gracias por tu visita y tu confirmación Anonimo.
Animo! Todo cambia, es inevitable!

JLMON dijo...

Hola Fernando
Bueno, es otra perspectiva...
Cuidate

Katy dijo...

Hola José Luis, yo creo que en sus inicios la industria farmaceútica nació con vocación de servicio y para mejorar las condiciones de vida de los enfermos. La penicilina ha salvado muchisimas vidas. La aspirina nos ha quitado la fiebre y el dolor de cabeza. Las vacunas erradicado enfermedades. Lo que pasa es que se ha ido contagiando de sentido mercantilista y desvirtuando su objetivo social. Ahora hay que inventarse enfermedades para seguir consumiendo. Y nunca mejor dicho que es peor el remedio que la enfermedad. Nos han hecho adictos.
Una buena reflexión aunque sea triste la conclusión, es la pura realidad.
Un abrazo

Josep Julián dijo...

Hola JLMON:
En una de las mega empresas consultoras para las que trabajé había una división farma con la que colaboré durante un tiempo e incluso organizamos un acto en Barcelona a la que asistieron muchas de ellas.
Mi experiencia en este campo no difiere mucho de la relatada en tu artículo e incluso diré que a uno de mis compañeros le fue vetada la entrada al acto que menciono por llevar consigo un ejemplar de "El jardinero infiel".
Un abrazo.

JLMON dijo...

Hola Josep
Hombre! Tu amigo no pudo ser más explicito...podía haber llevado otra obra de Le Carre, Una pequeña ciudad en Alemania, por ejemplo, je-je
Cuidate

José María Souza Costa dijo...

Muy bueno el su blog. Estoy lhe convidando a visitar mi blog, y si posible seguir por ele. Estoy lhe esperando lá
Abrazos.

echar un remiendu dijo...

Es la tercera vez esta semana que oigo/leo despotricar contra las farmacéuticas... habrá que leerse el libro. Un abrazo. irene

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