miércoles, 23 de diciembre de 2009

SI DIMITES, LO ADMITES


El sentido común dice que cuando se presenta un problema, lo primero de todo es ponerse a su resolución. La cultura atavica de este curioso pais recomienda, sin embargo, buscar desesperadamente al culpable.
De partida, no existen problemas, sino situaciones ante las que es necesario tomar una decisión sobre cómo se va a identificar la misma. Existen dos posibilidades, identificarla como un problema o como una molestia. Si la identificamos como problema, estamos afirmando la voluntad de enfrentarnos a ella y buscar su rápida solución. Por el contrario, cuando la identificamos como una molestia, expresamos nuestra intención de desentendernos y, automaticamente, justificar nuestra postura buscando al culpable de la misma como si con ello fuera a desaparecer por arte de magia. La historia reciente de este país esta repleta de expresiones de molestia traducidas a la cultura de “quién es el culpable”. Quizás el ejemplo más evidente lo ofrezca el caso Prestige, pero es uno más en un anecdotario interminable. Esta cultura marca profundamente las reacciones de quienes se ven directamente involucrados en la situación en curso. Hasta tal punto que, lejos de comportarse racionalmente, optan por la resistencia numantina.
El ejemplo más reciente de todo ello lo vivimos estos días con el caso Air Comet, la crónica de una muerte anunciada. Su propietario, Gerardo Díaz Ferrán, como todos sabemos, ostenta también la presidencia de la CEOE y, pese a que los empleados y clientes damnificados de Air Comet sean la prioridad, este cargo representativo es el que ha saltado a las primeras paginas de todos los medios. ¿Por qué no dimite Díaz Ferrán como presidente de la CEOE? Porque se buscan culpables y la cultura de este país dice que si dimites, lo admites.
El caso Guggenheim nos ofrece una situación similar. Roberto Cearsolo, director de administración y finanzas del museo milagro, admite un desfalco cercano al medio millón de euros. Culpable confeso, pero, aún así, el máximo responsable de la entidad, Juan Ignacio Vidarte, decide no darse por aludido y ni siquiera se plantea una elegante dimisión. Si dimites, lo admites.
Díaz Ferrán deberá hacer frente al problema específico de su empresa, pero también debiera plantearse un segundo problema no menos importante: su permanencia la frente de la CEOE. De momento, su actitud se desliza claramente hacia la molestia y, en definitiva, a la busqueda de estrategias que le alejen de la etiqueta de culpable. Si dimites, lo admites.

2 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Creo que has acertado plenamente con el diagnóstico. ¿Problema o molestia? Nos hemos acostumbrado al "yo no he sido" como si eso solucionase los problemas cuando lo único que se consigue es distribuirlo y esparcirlo hasta que un día, por arte de magia, aparecen otras molestias que diluyen las anteriores.
Buen post.

saludos

JLMON dijo...

Gracias por la visita Fernando

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