
Hoy por hoy, poco o mucho, hasta el anacoreta que vive en una cueva de Gredos desde los tiempos en que la Chelito se buscaba la pulga, todo quisqui conoce lo que ha ocurrido a nivel global con esto que llaman crisis y lo mismo se puede decir de su lectura domestica. Son las ventajas de convertirse en aquello que toca las dichas partes a todo el país.
Otra canción toca el ciego cuando se habla de lo jodido que lo tienen los griegos, pese al yogurt y las islas que podrían vender a precio de saldo del Sepu. Si Paco se desayuna con el titular de que la Merkel, esa señora con pinta de monja reconvertida (la pobre nació en el Este) se ha cabreado un montón y ha soltado eso de hasta aquí llegamos, la cosa pinta de bastos. ¡Estos alemanes son la leche!
Leche lo que se dice leche, la tienen y, por cierto, bastante mejor que la nuestra. Pero lo suyo ya es requesón de Burgos a estas alturas de la jugada. Primero les confunden con ferroviarios por aquello de la locomotora. Después joden al personal con aquello de que si se resfrían los demás pillamos una neumonía de las de antes. Por si fuera poco, se aterrizan en Mallorca y se creen los Colon de Colonia. Por quedarse, se han quedado hasta con los burros de Alcudia, te digo yo.
La canción se la canta cada uno como quiere o puede. A unos les da por el bolero y a otros les suena a saeta desgarradora. A los alemanes, esto de Europa les lleva sonando a camelo desde hace tiempo, sobre todo cuando se miran al espejo y ven a un tonto de Pomerania intentando hacer salchichón con una llave de bujías. Primero les llegaron los “llorones” (adjetivo cariñoso dedicado a los alemanes de la antigua RDA), dale a la maquinita de los marcos que no llegamos y, de paso, aprieta fiscalmente al personal. Después les aterriza esto de la crisis global y se despiertan con ajustes salariales, presión fiscal “racional” y retraso de la edad de jubilación por aquello de total esto son días. Y, finalmente, llegan los de abajo cantando aquello de no tengo un duro primo.
La reflexión de Otto, manipulador autorizado de salchichas de Turingia, no puede ser más transparente: “ Estos tipos se dedican a no pagar un duro de impuestos, viven como Onassis, recogen los fondos comunitarios puntualmente, mienten sobre las cuentas más que una remolacha de Füssenburgo y, cuando les llega la factura se acuerdan de los gilipollas de los alemanes”.
Como decía el bueno de Chejov, que en esto de dramas sabía mucho, cuando en el primer acto aparece una pistola, en el tercer acto se dispara seguro.
