
Ayer asistía a una reunión de trabajo con un cliente con el que estamos desarrollando un proyecto corporativo de largo alcance que considero “revolucionario” en estas latitudes cuando tuve una metedura de pata hasta el más profundo de los fondos abisales. Con todo, fue un error de esos que producen placer inesperado.
Estaba estableciendo el input inicial de la corporación, esto es, una foto inicial de su estructura organizativa, cuando pronuncie eso de “el área de Recursos Humanos”…
La persona a cargo del área me corrigió amablemente, indicándome que tal área no existía y que, quizás, me refería a PERSONAS y DESARROLLO. ¡Tierra, trágame!
En estos casos, pueden ocurrir dos cosas:
A) Nos encontramos ante un caso de postmodernidad empresarial semántica, caracterizada por el uso indiscriminado de términos anglosajones que, en muchas ocasiones, ni el que los utiliza sabe qué coño está diciendo. Llamar a los objetivos targets, a los comunicados flyers , a los vendedores agentes de transferencia y a la señora de la limpieza responsable de sostenibilidad ambiental localizada.
B) Puede ser que asistamos a un auténtico esfuerzo de recreación que, entre otras muchas cosas, supone hablar de LA ORGANIZACIÓN y de LAS PERSONAS.
En este caso concreto, puedo asegurar que se trata de la segunda de las opciones. Un intento real y sincero, impulsado desde las esferas directivas, de convertir a “la organización” en un red viva de conocimiento dirigida al emprendimiento total como fuente de auténtico valor. Como decía, un caso extraño, pero alentador, en estas latitudes y, más aún, en los oscuros tiempos que corren para la mudanza.
Para más señas, hablamos de CAPSA.
