
Hace algunos días leía los peligros de volcar tus opiniones en la red por la eterna permanencia de los mismos. En otras palabras: cuidado con lo que dices porque te perseguirá toda la vida.
Siguiendo esta premisa, hace tiempo que debiera haber convertido este blog en un espacio aséptico dedicado al cultivo de las orquideas o al coleccionismo de vitolas. Pero, a estas alturas de la vida, poco le van a perseguir a uno sus ideas. Además, las ideas no están para que te acosen, sino para defenderlas con coherencia y dignidad.
Coherencia y dignidad es lo que me hacen escribir estas líneas inmediatamente después de recibir un flash informativo: ETA mata a un policía con una bomba en Vizcaya.
Podría ignorar el suceso. Podría escribir sobre la situación financiera, el liderazgo, la innovación disruptiva o las lechugas del huerto Obama. Podría hacerlo pensando en la huella ideológica que puedes dejar impresa en la red. También podría cerrar hoy mismo este espacio y renunciar a defender mis ideas. Pero coherencia y dignidad son dos condiciones ineludibles para que mañana pueda seguir viviendo.
Quizás pierda definitivamente algunos lectores. Quizás confirme mi presencia en alguna lista negra de las muchas que existen. Quizás pierda algún trabajo en el futuro. Quizás alguien me recuerde estas palabras cuatro o cinco años después. Pero coherencia y dignidad es algo que jamas debiéramos perder.
Podría haber recurrido a otros valores, pero la coherencia es personal y la dignidad debiera ser universal. La una puede admitir ideas y actuaciones radicales, pero la otra te recuerda que, por encima de todo, eres humano y como tal debes aspirar a un comportamiento inteligente cuando la violencia es la expresión máxima de ausencia de inteligencia y humanidad.
No se quien era Eduardo Pueyes García, inspector de la Policía Nacional. No se si quien lo ha asesinado lo ha hecho por venganza, convicción ideológica o coherencia personal. Pero nunca podrá decir que lo ha hecho por dignidad. Esto es algo que le acompañará durante toda su vida, tarde o temprano se hará presente y le hará caer en la cuenta de que nació para desperdiciar su vida y la de los demás. No quisiera estar en su pellejo.
