lunes, 25 de enero de 2010

EL CARLISMO SE CURA VIAJANDO


A estas alturas, me imagino que quien más, quien menos, todos están al tanto de la cuestión del cobro de comisiones bancarias por las transferencias de ayuda humanitaria a Haiti. Como siempre que se habla de la Banca, es difícil llegar al fondo de la cuestión. En cualquier caso, parece que la AEB remitió a sus asociados un comunicado en el que recordaba la “práctica tradicional del sector de no cobrar comisiones por transferencias de dinero que tengan por objeto la ayuda humanitaria", recordatorio que parece indicar que no todos tienen buena memoria. Facua insistió a través de su presidente Francisco Sánchez Legrán y la AEB puntualizó a través de su presidente Miguel Martín que "en cuanto tengan constancia" del cobro de comisiones por transferencias de carácter solidario, los bancos "corregirán el error". Hasta aquí, todo más o menos normal, a no ser por la coletilla que indica que los afectados deberán reclamar a su entidad financiera el retorno de las comisiones o lo que es lo mismo: algunos se olvidarán, otros ni se molestarán y algunos calcularán si merece la pena la inversión de tiempo. Es algo parecido a la contratación de un seguro de viajes, si te ves en la necesidad de anularlo y pretendes cobrar el importe del seguro, comenzarás una carrera de obstáculos, perfectamente diseñada para abandonar al segundo o tercer obstáculo. Con la Banca pocas bromas que decía el otro y no por nada, simplemente carecen, entre otras muchas cosas, de sentido del humor.
Por si no lo sabían, las comisiones por operativa básica han crecido un 60% con respecto a 2005. Un cálculo generoso sitúa en 250 euros la media que debe pagar un usuario por estas comisiones y todo ello sin incluir las vinculadas a los productos de inversión. Y la cuestión va a ir a más, porque las comisiones van a cobrar un papel relevante en la cuenta de resultados como estrategia para la cobertura de agujeros. Pero, ya se sabe, el negocio es el negocio o, al menos, eso dicen los familiares y amigos que tengo en el sector: “no somos ni un servicio público, ni una institución benéfica, estamos aquí para obtener beneficios como todo hijo de vecino”. Ciertamente, de eso no hay duda. Pero, de igual forma, como todo hijo de vecino, las entidades financieras debieran estar al tanto de los tiempos cuidando sus políticas de comunicación, no necesariamente comercial, sus procesos de calidad o sus, más que urgentes, necesidades de innovación de procesos y productos.
La Banca española pasa por ser uno de los sectores más tradicionales y refractarios al cambio en un país plagado de demagogia en lo relativo a la gestión del riesgo basada en la innovación. En otras palabras, abandonaron manguitos y libros de a tonelada, pero continúan siendo más añejos que el brandy de mi abuela. Pasaron de la reverencia del cliente cada vez que acudía a su sucursal a la tómbola de la sartén y el mantel para acabar regalando cromos de la liga de futbol. Pero, más allá de estas tácticas comerciales, sólo hay continuismo, planificaciones planas fundamentadas en lo probable y duros a siete pesetas.
A lo largo de mi vida profesional, he tenido oportunidad de trabajar con todo tipo de sectores y profesiones, desde el gremio de fabricantes de riego a la nanotecnología. Pero les puedo asegurar que no he tenido la más mínima oportunidad de penetrar en el oscuro mundo de la Banca. Aunque, si he de serles sincero, tampoco me he esforzado mucho. Decía el bueno de Baroja que el carlismo se cura viajando. Debieran tomar buena nota de ello los señores consejeros del real.

1 comentario:

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Pues es que tienes toda la razón. Lo peor de todo, es que parece que te están perdonando la vida siempre y eso, se cura viajando.

Buen post. saludos

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