sábado, 26 de febrero de 2011

UN MANOLO EN MI VIDA


Resulta extraño, cuando no paradójico, que un humilde blog como este pueda ofrecer una primicia sideralmente mundial, pero así es. ¿ En qué consiste tan megalítica noticia? Aunque parezca mentira, reside en una rústica mesilla de noche aunque, todo hay que decirlo, el propietario del susodicho mueble de honda raíz manchega no es otro que nuestro querido y venerado presidente del gobierno.

¿Qué puede ocultar nuestro amado prócer en el oscuro rincón del cajón de la citada mesillita?

¿Un recordatorio dedicado de la Primera Comunión de George Bush?
¿El ganador de la edición de GH de este año?
¿Una foto de la Sofía Loren de buen ver?
¿Una edición especial de los cuentos de los Hermanos Grimm?

No, no, nada de eso…
Diversas fuentes, solventes al parecer, han confirmado la naturaleza del secreto.
El objeto en cuestión es una pequeña y deliciosa casita de mazapán (algo rancio ya, todo sea dicho de paso) con forma de rosa colorada, cuatro ventanitas con marcos de caramelo y una puerta con dintel de chocolate. Pero la primicia no es tanto la dulce vivienda como quien habita en ella porqué, sí, efectivamente, la VPO se encuentra ocupada por un simpar personaje: Manolo.
Manolo (no se conoce a ciencia cierta su apellido) es un mal encarado personaje que desgraciadamente sufre una enfermedad poco conocida: Karl Chuttteins – Von Taxi. Llamada así, como puede suponerse, por los dos primeros galenos que la descubrieron en una campesina de Pomerania de este. El “Mal Karl Chutteins – Von Taxi” es una dolencia que afecta al factor del crecimiento y deja a los individuos que la sufren en unas proporciones semejantes a las de un pitufo, para que nos entendamos…
Corren rumores de que nuestro prócer saca puntualmente cada noche a Manolo de su refugio de mazapán revenido y sentándole en su regazo procede a escuchar sus consejos.
Pero, quién es éste Manolo, Karl Chutteins – Von Taxi aparte…
Al parecer y sólo al parecer, Manolo nació en el seno de una familia rústica de estas de toda la vida. Su progenitora, al parecer, era de verbo encendido aunque arrítmico, hasta el punto de ser conocida en los andurriales circundantes como “María punto y coma” por su hablar por entregas, espaciadas de tiernos suspiros de silencio ausente. Manolo no fue, al parecer, un hijo deseado. De ahí la ofuscación de “María punto y coma” escribiendo misivas interminables, semana tras semana, al alcalde del pueblo exigiendo una nueva ley que estableciera la obligación a los recién nacidos de venir con 2.500 euracos de bellota debajo del sobaco. El padre de Manolo era conocido como “Higinio Chimeneas” por su fuerte e inconsolable adicción al tabaco hasta el punto de convertir el hogar común en una emulación del Londres de Jack el Destripador. Quizás de ahí el odio impenitente que Manolo siente hacia los drogodependientes de la feraz nicotina. El hermano mayor de Manolo, Luisin “el cebollas” era y es un friki impenitente, atrapado por la red de redes y sus malévolas tentaciones; pirata con pata y sin parche, acostumbraba a asaltar las íntimas obras intelectuales que Manolo guardaba en el portátil familiar, sancta sanctorum de su perífrasis creativa. Ramona, su hermana menor, fue desterrada del hogar paterno a la temprana edad de treinta y cinco años debido a sus desvaríos amorosos con un brasileño de allende los mares, piloto de carreras ilegales, en palabras del propio Manolo: un demonio sobre ruedas. De hecho, una noche de San Martín, Joao, que así se llamaba el interfecto correcaminos, estrelló su 850 GT- Sport contra el corral de Higinio, matando, del susto que no del golpe, a Raimundo, un cerdo patanegra que hacía las delicias del pater familias y a quien había enseñado a jugar al tute subastado con trampas. Desde aquel infausto día, Manolo sembró los troncos de los ciruelos que conducían a la propiedad con pegatinas iluminadas por el apocalíptico número 110. Estas y otras muchas, todavía no confirmadas, son las noticias que corren en torno al pasado de tan singular personaje. Pero, quizás, la más extraordinaria de todas sea la que aventura que Manolo tiene un gemelo, igualito salvo en el nombre. Paquito, que así se llama el citado, vive también en una pequeña vivienda, pero ésta, a diferencia de la rosita de mazapán, tiene forma de gaviota recubierta toda ella de membrillo de orujo tostado. Tan singular hogar está libre de cargas y se ubica también en una distinguida mesilla de noche aunque, esta vez, en el dormitorio privado del jefe de la oposición.
Y mi pregunta es…
¿Por qué no puedo tener yo también un Manolo en mi vida?

8 comentarios:

Katy dijo...

Bueno tu vas de mejor en mejor. "Ponga un Manolo en su vida"
Casualmente conozco unos cuantos pero ninguno vive en una mesilla de noche. Ese es el problema y me temo que a ti pasa lo mismo, que no hay tantas mesillas. Pero yo que tu no me preocuparía, que vas caminio de genio.
Un descripción a modo de relato que refleja una realidad no menos penosa. Verás cuando, le cuente el cuento a mis nietos:)
Un abrazo

Astrid dijo...

Coincido con Katy. Solo necesitas echar un vistazo alrededor y verás que esto es como la familia Monster, pero en versión hispana, con más colorido.

Bonita primicia ;)

Abrazos

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Jose Luis:
No seas envidioso, que pareces de esos de "culo que veo culo que quiero". Deja al Manolo y a los suyos, que tu tienes cosas más importantes entre manos.
Un abrazo.

JLMON dijo...

A ver qué les parece Katy
Igual me tengo que dedicar ala literatura infántil, agradecida seguro que es.

JLMON dijo...

Hola Astrid
Gracias por la visita.
Sí, abundan no sabes como.

JLMON dijo...

Hola Javier
Como era aquello?
La avaricia me vicia, no?
Pues eso.
Cuidate

Fernando López Fernández dijo...

Pues ¿por qué no? por poder si, pero no es aconsejable. tienen efectos secundarios y la salud es lo priemro.

Un abrazo

Josep Julián dijo...

Hola JLMON:
¿Y si les proponemos que se presenten ellos a las elecciones y encerramos a los dueños de esos engendros en casitas de mazapán de tamaño natural una temporada? Total, por probar.
Un abrazo.

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