jueves, 20 de octubre de 2011

SIN NOTICIAS DE MR. MARSHALL


Ayer noche visione con cierto retraso Inside Job, el documental de Charles Ferguson sobre la crisis financiera de 2008 que ha acabado derivando en una pesadilla planetaria. El film en sí mismo no va más allá de una crónica de sucesos hábilmente estructurada, pero debo confesar que me sumió en un estado de estupor que todavía persiste.

Esta mañana, al levantarme, todavía rondaba por mi cabeza el cinismo de Hubbard, la asombrosa interpretación de Minsk en su papel de zombi autista, la complacencia indecente de Feldstein, el aura oscura de Paulson y la sombra fatalista de Greenspan, todos ellos bailando en torno a Friedman al son de la cumbia Reaganomics.

Mientras tomaba mi acostumbrado café, me ha venido a la cabeza el inefable Berlanga y no he podido resistir la tentación de intentar un mix Inside Job – Bienvenido Mr. Marshall.

Si hay una palabra íntimamente ligada a Estados Unidos, sin duda esta es “sueños”. Sueño Americano, Patria de los Valientes, Tierra de los Libres, Oportunidad, Libertad…Hasta tal punto se encuentra el término imbricado en la genética de este pueblo que han dedicado toda una industria a su mimo y cultivo. Pero, no nos engañemos, Hollywood es el confesionario norteamericano. Allí donde uno acude con sus más oscuros presentimientos y sale liberado sin penitencia alguna. Inside Job tampoco se libra de este fatal destino. Es sencillo pecar. Pero aún más fácil resulta ser crítico sin contrición.

Si hay una realidad íntimamente ligada a Estados Unidos, sin duda esta es “extremos”. Ricos y pobres, candor y malicia, ignorancia y genialidad…Hollywood reproduce fielmente el patrón. Los buenos son muy buenos, mientras que los malos son tremendamente malos, indios y vaqueros, bravos marines y malvados vietcong, hoscos soviéticos y sacrificados agentes de la libertad, sucios iraquíes y heroicos muchachos de Idaho. Quizás haya policías corruptos aunque el bien siempre acaba triunfando. Pero, cuando las luces se apagan y los espectadores se alejan, tan sólo queda un triste escenario de cartón piedra. El cartón de los derivados tóxicos y la piedra sobre la que lloran aquellos que creyeron ser parte del American Dream.

Han pasado ya dos años desde aquel fatídico 15 de septiembre de 2008. La secuencia de los acontecimientos desencadenados a partir de la reunión de Liberty Street ha sido narrada cientos de veces y no necesita más explicación. Pero aquella tarde, Henry Paulson y Timothy Geithner protagonizaron el mayor error de calculo de la historia de Estados Unidos. Lo que sigue es historia, una vieja historia…Dos años después, nadie, absolutamente nadie, ha sido inculpado, apenas si se han investigado los hechos anteriores a aquella tarde, la desregulación continua siendo un hecho, Wall Street entona, una vez más, la vieja canción: “hemos aprendido, no volverá a ocurrir” mientras recarga sus baterías y vuelve a sus calculadas rutinas, la gran promesa Obama acoge a toda la banda del 2008 en su equipo económico mientras las barras y estrellas ondean al sol. No podía ser de otro modo.

Es la Tierra de los Sueños, pero también es la factoría de las peores pesadillas hechas realidad. Mr. Marshall pasa de largo ante la atónita mirada de Pepe Isbert, Manolo Morán y Lolita Sevilla. Pero, contemplado con perspectiva, quizás fue lo mejor que pudo ocurrir.

Dicen los marineros gallegos que las tormentas llegan desde el Atlántico. Las peores pesadillas también.

4 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

... Y pronto habrá una película con grandes actores reclamando un Oskar. Porque, ahora que lo pienso, ya está tardando, ¿no te parece?
Un abrazo.

JLMON dijo...

Sí, la verdad es que sí....Oliver Stone?
Cuidate

Fernando López Fernández dijo...

Eso es lo que tiene América, que todos los finales son previsibles aunque se edulcoren.
Un abrazo

Katy dijo...

No lo veo yo esta vez tan claro. Claro que nada está claro. Ni aquí ni allá, ni acullá.
No creo que Europa tenga mucho de que presumir.
Un abrzo

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