lunes, 29 de marzo de 2010

EL SINDROME DEL ORANGUTAN


Los consultores, mediadores, coachers y demás gentes de mal vivir también nos tomamos nuestros pequeños momentos de relax. El viernes estábamos mi amigo Josep Julian y un servidor tomándonos una cañita al sol en una terracita de Getxo y hablando de esto y lo otro, acabamos hablando de un tema que está empezando a ser coincidente en la profesión y que yo denomino jocosamente “la paradoja del orangután”.
Contra todo lo que se pueda pensar, el orangután es un ser solitario. Su afabilidad choca con el jolgorio, en ocasiones violento, del chimpancé, acostumbrado a vivir rodeado de veinte o treinta compadres que le están tocando todo el día las narices. Su alegato continuo a la no violencia es asombroso frente a la mala leche del mandril, acostumbrado a repartir castañazos a diestro y siniestro a todos los bebes de las grandes manadas en las que vive sin temor a ser acusado de maltrato. Su soledad es más profunda que la del gorila de espalda plateada que, pese a todo, retoza con su clan en los pastos brumosos de la alta montaña africana.
A muchos de los que nos dedicamos profesionalmente a ayudar a las organizaciones en su búsqueda de nuevas formas y maneras de organizarse, convivir, colaborar y, en definitiva, alcanzar el éxito, nos acaba invadiendo la soledad del orangután.
Cuando las cosas “iban bien” y las organizaciones contaban con cash como para invertir hasta en fines de semana higienistas para su gente, nosotros no incrementábamos nuestros equipos por miedo a perder ese feeling de calidad frente al cliente. Nadie se arriesgaba a enviar a un junior a una jornada teórico – práctica. No sólo se corría el peligro de que lo despellejaran vivo como si de pollo de corral se tratara. También se corría el peligro de caer en desgracia con el cliente. Pero, en el fondo, el temor estaba más relacionado con la incapacidad del novato para alcanzar las cotas de excelencia de quienes llevamos en esto más que un pepito de ternera en una tasca islámica.
Cuando las cosas empezaron a “ir mal” y las empresas no gastaban ni en papel de higiénico de doble capa, no lo pasamos demasiado mal, teníamos nuestras plantillas más que equilibradas y no hubo necesidad de medidas extraordinarias.
Ahora que las cosas “empiezan a volver a la normalidad”, vemos la necesidad de incorporar nuevas personas a nuestras empresas, pero, volvemos a recuperar nuestros viejos temores y continuamos con esa estresante situación de querer estar en todas partes.
Mientras tanto, hablamos del valor de las personas, ¡brand you!, la necesidad del liderazgo compartido, la importancia de la gestión compartida del conocimiento, las redes sociales aplicadas a las estructuras organizativas en al empresa y tantas cosas más…
Quizás debiéramos contagiarnos un poco más del espíritu populista de los chimpancés y la mala leche de los mandriles.

9 comentarios:

Alberto Barbero dijo...

¡Qué envidia!

¿A qué puerta hay que tocar para tomar una cañita con otro orangután?

JLMON dijo...

Alberto
Cuando quieras nos tomamos una cañita y lo que haga falta.
Saludos

Fernando López Fernández dijo...

Hola Jose Luis:

Pues yo creo que es bueno que sigais con el sindrome del orangután porque de no ser así perderiaís vuestro valor diferencial. Eso si, tampoco hay que tener miedo a ser chimpance siempre y cuando no se pierda el norte.

Un abrazo

JLMON dijo...

HOLA FERNANDO
Ya, si por un lado tienes razón, pero, por otro, siempre tienes la impresión de cierta disonancia entre lo que dices y haces.
cuidate

Sofía Gazo dijo...

Un poco del espíritu populista de los chimpaces me parece bien, pero la mala leche de los mandriles mejor nos la ahorramos ¿no? ;-)

Al final en toda manada (llámese organización o como se quiera) parece necesario un "macho/hembra alfa", desprenderse de ese rol y pasar a otra estructura menos .... ¿básica? fácil fácil no debe ser.

Un abrazo

JLMON dijo...

Hola Sofía
Sí, ya se sabe que esto del orden es importante... No si al final me vais a convencer de que siga de orangutan, je-je.
Besos

Guzmán dijo...

Y es que las mejores ideas siempre han surgido del relax y de la diversión. Celebro el resultado de esa cañita.

Josep Julián dijo...

Hola José Luis:
Al tiempo que recuerdo con añoranza esa cañita y la charla que la acompañó, habrás notado que llevo días missing de los foros y es porque sigo ejerciendo de orangután como muchos otros queridos y admirados compañeros de profesión.
Y no será porque no le tenga echado el ojo a algunas chimpancés que me cantan mañanitas bajo mi ventana.
Jodido dilema, oyes.

sergio dijo...

A lo mejor el orangután tiene que parar y preguntarse que se le mueve dentro (emociones, sensaciones, impulsos, miedos,...) para que tenga que desconfiar tanto de aceptar unos noveles e inofensivos orangutitos y por ahí empezar a ver....
Un fuerte abrazo, Sergio

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