martes, 5 de mayo de 2009

LA TORMENTA PERFECTA


Las previsiones no dejan de acentuar su carácter fatalista en lo que a la evolución de la economía española se refiere. El último empujoncito lo acaba de proporcionar la Comisión Europea al anunciarnos que vamos de culo y cuesta arriba y perdonen la expresión soez, pero grafica y pueril. El crecimiento del PIB se va a frenar hasta una tasa del 3, 2% y, por si esto no fuera poco, la tasa de desempleo podrá alcanzar el 20, 5% el próximo año, doblando así la media europea. Como guinda del pastel, la previsión europea anuncia el incremento del déficit público hasta el 10%, es decir siete puntos por encima del nivel recomendado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, mientras que la deuda crecerá 20 puntos hasta situarse en el 62% para el 2010. En fin, no me extraña que ZP se encuentre inmerso en el visionado de las sesiones maratonianas de Cuatro en su reposición de Perdidos.
Ciertamente no es nada nuevo y como diría Don Mariano, se veía venir queridos amigos. Pero lo realmente alarmante es la calma chicha que devora a los círculos de decisión públicos y privados de este país. Síntoma, por otro lado, de una desorientación traumática que sólo puede inducir a pensar que la estrategia es esperar, sobrevivir como se pueda y a ver si hay suerte y alguien nos arregla la molestia.
Los más optimistas anuncian que frente a este mar de desdichadas cifras, existe al menos la esperanza: parece que hemos tocado fondo. Y, en consecuencia, como decía aquella vieja canción de los Rolling, todo lo que baja sube. El problema es que la acción de subir implica un gradiente y en éste no tenemos porque alcanzar la máxima cota o, al menos, la que disfrutábamos en las últimas décadas. En una palabra, nuestro problema añadido es de carácter estructural y, en consecuencia, de nada vale aquello de virgencita que me quede como estaba. O se afronta el problema en toda su dimensión o se afronta el problema en toda su dimensión. No, no ha sido un error porque no hay opción.
Y quienes deben comenzar a tomar las primeras decisiones son los gobiernos Central y Autonómicos en un marco de corresponsabilidad con el conjunto de las fuerzas políticas que evite escapismos basados en estrategias de partido con carácter electoral. La situación es de urgencia nacional, luego olvídense unos de guardarse las espaldas y otros de afilar los cuchillos que para eso precisamente no les mantenemos con nuestro trabajo.
Déjense de despilfarrar el dinero público en acciones cataplasma de la abuela que no conducen sino a situarnos en unos niveles de déficit y endeudamiento que no harán sino dilatar nuestra precariedad. Intentan mantener entubado a un muerto viviente por miedo a verse obligados a abrir el testamento y cargar con las culpas. Evitan enfrentarse con la realidad que evidencia que un tercio de la población lo tiene muy difícil cada día y que esa proporción aumentará antes de que lleguen las ansiadas – odiadas elecciones generales. Este país necesita cambios profundos, disruptivos que decimos los trabajadores de la innovación. Cambios que aportarán incertidumbre y que serán dolorosos en el pleno y literal sentido de la palabra. Transformaciones que no serán populares y ahí les duele.
Como decía antes, es alarmante la calma chicha porque no puede ser sino preludio de tormenta y por lo que barrunto, más bien hablamos de la Tormenta Perfecta.

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